Ni trabajo ni libertad en la “nueva normalidad”

En un mundo en el que gracias a la globalización, en Vladivostok una persona tiene prácticamente el mismo modo de vida que otra en Reikiavik, donde ya habían conseguido que paseando por el centro de cualquier ciudad europea no se notara diferencia alguna: cadenas de KFC, Zara, Mc Donalds, Nike… donde El me too o el black lives matters se exportaba desde EEUU y auténticos kamikazes de este neomundo orwelliano se convertían en sus adalides; desde Santander al Puerto de Santa María…

Necesitaban quitarnos, de una vez por todas, el sentimiento de apego a unos valores (tradicionales, familiares, de identidad…) y con la excusa (o no tanto) de la COVID-19 nos arrebataron todas las festividades, la posibilidad de visitar a nuestros mayores, nos impulsaron a teletrabajar y a evitar cualquier contacto social, nos aislaron y, lo peor de todo, bajo la creencia de que lo que estaba primando era nuestra seguridad: aplaudimos con las orejas y lo hicimos encantados.

Quieren hacer de nosotros máquinas de consumo. Auténticos zombies a los que la vida les llene con un mísero plato de arroz (si es que llegamos a permitírnoslo) y un smartphone.

Algunos nos opondremos al suicidio colectivo al que nos están abocando, como nos hemos opuesto a tantos delirios postmodernos. Volverán a mirarnos a los pocos que señalamos que detrás de esto están los de siempre. Pero no consentiremos que arruinen a nuestro pueblo, mientras él sale ajeno a cualquier tipo de problema que no sea meramente sanitario, empobrecido y esclavo.

Asociación Cultural Alfonso I

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