El 12 de Octubre y la pataleta de los mediocres

El día de la Fiesta Nacional no es el día de los palurdos que, siendo españoles, insisten en no querer serlo.

El día de la Hispanidad no es el día de los zoquetes que repiten como loros los cuentos que hablan de un genocidio que nunca existió, y que fueron inventados precisamente por aquellos que exterminaron a los indígenas en el norte de América. No es el día de los que lloran por unas civilizaciones que no conocían la escritura ni la rueda y que practicaban canibalismo y sacrificios humanos, mientras desprecian aquella que construyó universidades y catedrales, que llevó el renacimiento más allá del océano y que promulgó las primeras leyes en defensa de los indígenas.

El 12 de Octubre no es de ninguno de esos papanatas. Ese día no existen.

El 12 de Octubre es el día de Hernán Cortés y el puñado de españoles que, junto a las tribus aliadas, vencieron a más de 100.000 méxicas en Otumba. El día de los 13 de la fama. El día de los 180 españoles que pelearon a las órdenes de Pizarro en Cajamarca, venciendo a miles de Incas. Es el día de Núñez de Balboa, de Hernando de Soto, de Mencía Calderón, de Francisco de Orellana,…

Pero también es el día de la Raza, de la raza española, por supuesto. Porque, a pesar de la leyenda que afirma que los españoles descendemos de árabes y judíos, resulta que los últimos estudios genéticos (Universidad de Oxford, Universidad Pompeu Fabra,…) confirman que los españoles prácticamente mantenemos la configuración genética de las poblaciones prerromanas de la Península Ibérica.

El día de la Hispanidad es el día de los valores patrios. De la voluntad de sacrificio de quienes forjaron el Imperio español, de la terquedad numantina, la bizarría de los Tercios de Flandes, la valentía de los madrileños del Dos de Mayo, la astucia de Quevedo, el orgullo de los últimos de Filipinas, el genio de Goya… de la forma de sentir y actuar que nos hace diferentes y nos hizo capaces de las mayores gestas.

Quienes celebran otro tipo de «orgullos», hablan de una diversidad que implica el fin de todas las culturas, magnifican episodios históricos que supusieron apenas unos años y se envuelven en banderas de colores, se enfurecen ante el orgullo de raza española, la celebración de un pasado de siglos y el respeto a la bandera nacional.

Ana Pavón

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