La nueva estabulación diabólica del ganado humano

La “nueva normalidad” nos va matando poco a poco, nos cocemos en nuestro propio jugo bajo las mascarillas como el síndrome de la rana hervida con agua tibia. La ansiedad aumenta, y también la sensación de estar viviendo una pesadilla absurda, una película de catastrófica distopía al estilo Orwell o cutre degenerada con toques almodovarianos.

Me da vergüenza mirar a los embozados en mascarillas y a la vez me da pena ver el miedo en sus ojos. Unos temen contagiarse de un virus supuestamente muy peligroso y otros temen la multa, la represión o la denuncia de su “responsable” vecino.

De ésta no saldremos más fuertes como nos machacan con la publicidad institucional, saldremos más malos, más ruines. Saldremos diciendo: Yo sólo cumplía órdenes. Me dijeron que no visitara a mis abuelos en la residencia y lo hice. Me dijeron que lo encerrarían en una habitación y no hice nada. Me dijeron que me quedase en casa y lo hice. Me dijeron que saliera a determinadas horas y lo hice. Me dijeron que los colegios cerraban y ahora los abren con la misma arbitrariedad con la que los cerraron. Pusimos bozales a nuestros propios hijos y aceptamos que les tomaran la temperatura, para acostumbrarles a ser ganado humano, nos dijeron que la vacuna era nuestra salvación, que el microchip localizador es nuestra protección…y lo aceptamos.

Esto es una guerra en la que uno mismo se auto-ataca y autodestruye. Nos dicen: ¡Suicídate! ¡Y nos suicidaríamos!

Tengo miedo del ser humano. ¿Cómo se lo contaremos a nuestros nietos? ¿Nietos? ¿Alguien tendrá nietos? Queridos niños, en la “gran estabulación” de 2020 yo sólo cumplía órdenes.

¿Dónde están los colectivos antisistema, la extrema izquierda, siempre tan crítica con el poder? ¿Y la “ultra-derechita valiente” con bozal? No están o se han hecho policías del pensamiento, policías de balcón, vigilantes callejeros o de los parques infantiles. Son disidencia controlada y creada para el «Divide et impera».

Dan ganas de huir, de salir corriendo, de echarse al monte, buscar un refugio cuando ya no se pueda luchar más contra el ataque psicológico que estamos sufriendo. Nacimos para amar y ser amados, para cuidar unos de otros. No para abandonarnos o separnos en nombre de una hipócrita y falsa “responsabilidad”.

La metamorfosis del ser humano en ganado animal ya está aquí. No sabíamos bien por dónde llegaría esta estabulación, si sería en nombre del ecologismo o el cambio climático y, por nuestro bien, se nos delimitarían zonas y horarios de entradas y salidas en los diferentes guetos. Ahora ya sabemos que va a ser la amenaza de un virus la que nos estabule y nos marque. Por nuestro bien, siempre por nuestro bien. Por nuestra seguridad, la que nos venden a cambio de nuestra libertad, así es como muchos están dejando de vivir por miedo a morir, están dejándose llevar al matadero protegidos con un supuesto EPI y aplaudiendo.

La palabra diablo nos llega del latín “diabolus”, del griego “diábolus”, en la raíz de su significado está el que daña, divide, separa, crea odios, cólera, envidia o calumnia, acusa…Podemos, por tanto, afirmar sin asombro que imponer una “distancia de seguridad” desde las administraciones del estado podría ser descrito como algo diabólico. No existe la distancia de “seguridad” porque distanciarse, es inseguro. El ser humano no puede vivir aislado y necesita convivir, hablar y relacionarse con las personas que ama, sus afines. Por supuesto, con otras personas necesita mucha distancia, la máxima posible. Es realmente siniestro decirle a unos niños que no pueden jugar juntos porque pertenecen a “burbujas” diferentes. Donde dicen “burbujas” se refieren de nuevo a estabulaciones.

En fin … Que Dios nos coja confesados en esta epidemia dictatorial de hipocresía, crueldad sin límites y mentira.

J. Garrido

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