Las bombas de Hiroshima y Nagasaki siguen explotando

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki siguen explotando y la víctima eres tú.

Han pasado ya 75 años y algunos no olvidamos. La reciente explosión en el puerto de Beirut (Líbano) si bien ha causado muchas menos víctimas que aquellas bombas atómicas lanzadas por los EEUU sobre la población civil del Japón, pero la imagen del gigantesco hongo de fuego y humo sí que le ha recordado a casi todo el mundo a las explosiones genocidas del 6 y 7 de agosto de 1945.

La falsificación de la historia

Aquellas bombas atómicas no se tiraron sobre objetivos militares.
Las bombas no evitaron la muerte de soldados aliados.
Las bombas no pusieron fin a la II Guerra mundial, ni se tiraron para derrotar a Japón.

«La omisión, es la mentira más poderosa», dejó escrito George Orwell.

La omisión de hechos fundamentales es una parte de la falsificación sistemática de la historia, que es un elemento esencial de la propaganda del sistema.
La falsificación de la historia de la segunda guerra mundial por los historiadores occidentales, llega a su cumbre con la versión oficial de los bombardeos atómicos de Japón.

Así que engañados por una enseñanza falsificada, reforzada regularmente por reportajes en los medios de desinformación, todo el mundo cree que las bombas arrojadas sobre objetivos militares de Hiroshima y Nagasaki pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial, evitando más víctimas civiles y militares: MENTIRA

Si Hiroshima albergaba «una importante base militar» como dijo el presidente Rooswelt, y como repiten muchos libros de “historia”: «Hiroshima era un importante enclave militar, albergaba depósitos de armamento y una planta de investigación del ultrasecreto caza a reacción japonés».

¿ Cómo es que sus habitantes declararon que no se asustaron cuando oyeron el ruido del enola gay que llegaba con el regalito, ni de los otros 2 aviones «ya que los aviones siempre pasaban de largo»?.

¿ Por qué no se había bombardeado antes Hiroshima, cuando la fuerza aérea norteamericana se había hartado de bombardear todos los objetivos militares y las ciudades japonesas?.

En junio de 1945, el General Curtis LeMay, a cargo de los ataques aéreos a Japón, se quejaba de que después de meses de los bombardeos con napalm no había ya nada en las ciudades japonesas más que blancos de chatarra y basura. En julio, los aviones de Estados Unidos podían volar sobre Japón sin encontrar resistencia y bombardear tanto como quisieron ya que Japón no podía defenderse.

De hecho los bombardeos de alfombra habían arrasado no solo las 5 ciudades más importantes, si no también otras 67 ciudades ( 23 ciudades de entre 100.000 y 400.000 habitantes y otras 41 ciudades de unos 100.000 habitantes. ) destruyendo casi toda la capacidad industrial japonesa como la propia revista La aventura de la Historia reconoce.
Incluso se había bombardeado antes la ciudad de Iwakuni situada solamente a 8 km de Hiroshima como mencionan otras revistas de presunta investigación histórica sin incluir lamentablemente ni un solo comentario crítico sobre la versión oficial de los hechos.

La orden número 13 dada el 2 de agosto por mandos estadounidenses decía:
«Fecha del ataque: 6 de agosto. Objetivo del ataque: la parte histórica y la zona industrial de la ciudad de Hiroshima. Segundo objetivo de reserva: los arsenales y la parte céntrica de la ciudad de Kokura. Tercer objetivo de reserva: la parte céntrica de la ciudad de Nagasaki».

Leyendo las ingenuas declaraciones de los pilotos norteamericanos que tiraron las bombas se puede encontrar que las dianas eran los propios centros de las ciudades y que en el caso de Nagasaki las ordenes ni siquiera se molestaban en mencionar otro objetivo.

Nagasaki no era el segundo objetivo pero una espesa capada nubes cubría el que sí lo era: Kokura. Incluso en Nagasaki según declaraciones del copiloto estuvieron a punto de no poder tirar la bomba hasta que encontraron un agujero en las nubes. Por eso la bomba afortunadamente cayó tras las colinas que dividen a la ciudad y no en el área más poblada siendo el número de víctimas inmediatas mucho menor que en Hiroshima.

Las bombas evitaron la muertes de soldados aliados: MENTIRA.

Las estimaciones de víctimas americanas que hipotéticamente se evitarían al tirar las bombas atómicas han sufrido un ajetreo considerable

El 18 de junio en una reunión de los jefes militares americanos se concluye que las pérdidas estimadas, tras un desembarco en Japón, no superarían a los 50.000 hombres.

Según el estado mayor USA eran de entre 20.000 y 46.000 en junio-julio de 1945. Truman hablaba usualmente de 250.000.
Pero esa cifra fue engordando a medida que pasaba el tiempo en 1955 el mismo Truman ya daba una cifra de medio millón de Norteamericanos salvados. Winston Churchill se pasó todavía más y habló de que las bombas habían salvado a millón y medio de aliados.

Pierre Pierart (profesor honorario de Biolo- gía y especialista en ecología de la Universidad de Mons, Bélgica, vicepresidente de la asocia- ción de médicos contra la guerra nuclear), concluye al respecto:
«Contrariamente a lo que se dice en los manuales de historia y en los medios, Hiroshima y Nagasaki no habrían ahorrado más que 25 a 50.000 muertos de soldados americanos según los informes más serios de diferentes consejeros militares norteamericanos”.

Las bombas pusieron fin a la IIª Guerra Mundial: MENTIRA.

La capacidad militar de Japón había sido totalmente destruida y el gobierno japonés había enviado comunicados y personas para negociar la paz con los Estados Unidos; negociadores que Washington ignoró completamente.

Históricamente los archivos nacionales en Washington contienen documentos del gobierno de EEUU que contienen pruebas de la intención japonesa de acordar la paz desde una fecha tan temprana como 1943.

Un cable del 5 de mayo de 1945, enviado a Berlín por el embajador alemán en Tokio, decía que oficiales de la marina japonesa reconocían que la situación claramente era desesperada y que las fuerzas armadas japonesas aceptarían la capitulación incluso si los términos eran duros. El cable fue interceptado y descifrado por los Estados Unidos. Ese mes, el secretario de la guerra L. Stimson rechazó tres recomendaciones de alto nivel dentro de la administración para activar negociaciones de paz. Las ofertas proponían informar a Japón que los Estados Unidos estaban dispuestos a considerar el mantenimiento del sistema imperial, (como de hecho así se hizo ) y no insistir sobre la rendición incondicional.

El general Mac Arthur advirtió a los EEUU que: «los japoneses están agotados, que el emperador del Japón quiere firmar un armisticio y que el golpe de gracia podría darse en un plazo de semanas mediante armas convencionales».

Truman reconoció en una reunión tres días antes de que la bomba fuera lanzada sobre Hiroshima que «Japón estaba buscando la paz».

Pero a pesar de todo las bombas se tiraron. Y no solo una lo que evidentemente habría bastado para el propósito oficialmente admitido de acabar la guerra, sino que se tiraron dos. Además se hizo con un intervalo de 2 días solo lo que dejaba poco tiempo para que se examinasen sus resultados. De hecho la segunda bomba arrasó Nagasaki poco después de que los Japoneses se rindiesen.

Pero, si no hacia falta tirar las bomba a para acabar la guerra, ¿cuál era el objetivo?

No es difícil de comprender. Había un motivo claro que justifica este comportamiento criminal, innecesario, para ganar una guerra que ya estaba ganada.

Amenazar a Rusia, que entonces era un país «aliado» y al mundo entero.

a URSS declaró la guerra a Japón el 8 de agosto y atacó el 10 de agosto, al día siguiente de la tragedia de Nagasaki. No lo hizo en relación con los bombardeos atómicos si no según lo acordado con sus aliados Británicos y Estadounidenses en la conferencia de Yalta: entraría en la guerra tres meses después de la capitulación de Alemania.

No es solo la opinión de los historiadores rusos, muchos historiadores, científicos y militares occidentales han dicho lo mismo.

El científico inglés Blackett por ejemplo afirmó de que los bombardeos atómicos «en el último lugar eran un acto apuntado contra Rusia».

Después de Nagasaki, Stimson secretario de defensa escribió: «en el departamento del estado se desarrolló un tendencia a pensar en la bomba como arma diplomática”.

Churchill, que conocía el proyecto antes de Truman, había aplaudido y había entendido su uso, dijo : «Ahora tenemos algo en nuestras manos que reenderezará el equilibrio con los rusos”.

Selden, un historiador de la universidad de Cornell en York nueva, con Peter Kuznick, director de los estudios nucleares del instituto en la universidad americana en Washington, estudiaron los archivos diplomáticos de los E.E.U.U., de Japón y de la URSS, y encontraron que «tres días antes de Hiroshima, Truman admitío en una reunión que «Japón buscaba paz». Sus generales mayores y consejeros políticos le dijeron que no había necesidad de utilizar la bomba. Pero las bombas se tiraron de todos modos. El impresionar a Rusia era más importante que terminar la guerra».

Los E.E.U.U. en su última revisión de su estrategia nuclear siguen burlándose de las leyes internacionales, proponen el uso de armas nucleares incluso contra estados que no las posean, rechazan la prohibición internacional de ser los primeros en usar armas nucleares en un conflicto y están desarrollando una nueva generación de las armas nucleares que tienen grandes posibilidades de ser usadas en próximos conflictos, atentados o ataques de falsa bandera disfrazados de accidentes…

Redacción

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *