Guía de la Nueva Normalidad (II)

La agenda del NOM prevé el debilitamiento de los Estados nación para reemplazarlos por formas de gobernanza supranacional, un control totalitario de la vida de las personas y un proceso masivo de reducción de la población. Es el diseño de una sociedad hiperindustrial, electrónica y cibernética, donde la tecnología ocupa un lugar central. Por eso, tiende a separar a las personas de los procesos naturales (reproducción, relaciones entre sexos, creación espontánea de salud) y tradicionales (crianza en un núcleo familiar, trabajo productivo, enraizamiento en la tierra y en la cultura de origen) para reemplazarlos por nuevas formas de relación mediadas por procesos tecnológicos controlados centralizadamente (Internet, celulares, plataformas y redes).

Estas premisas ideológicas van ramificándose en iniciativas legales, tendencias noticiosas e imposiciones de facto que van modelando subrepticiamente el debate público, los usos y costumbres y la propiocepción de las personas.

El NOM necesita erosionar las formas de socialidad tradicional, que son un dique de contención al rediseño social impulsado. Para esto, crea eventos catalizadores artificiales, y promueve batallas discursivas para ahondar diferencias, demoler antiguas estructuras sociales y arrojar a los ciudadanos a enfrentarse con sus semejantes en un escenario de “guerra híbrida” generalizada.

¿Cuáles son los elementos centrales del Nuevo Orden Mundial?

A continuación, cinco ejes ideológicos del NOM que se vienen desplegando con fuerza. No son teorías ni especulaciones: son movimientos convergentes y complementarios hacia un nuevo ordenamiento político-antropológico del mundo, que se ponen de manifiesto en la multitud de cambios que introduce la “nueva normalidad” en la vida cotidiana. Al mismo tiempo, se alzan voces que piden la constitución de un Gobierno Mundial para afrontar esta crisis con “poderes ejecutivos”.

  1. Profundización del Estado policial

El NOM utilizó la demolición controlada de las Torres Gemelas de Nueva York para iniciar la construcción del Estado policial. Fue el inicio de la suspensión de garantías constitucionales, el espionaje sistemático de e-mails y conversaciones telefónicas y medidas de seguridad extremas en aeropuertos. Todo fue justificado en aras de la “seguridad nacional”. El Covid-19 es la nueva cobertura ideológica para profundizar el concepto bajo el pretexto del “cuidado de la salud”. Se multiplica la cibervigilancia, las aplicaciones de seguimiento de los enfermos y sus “contactos”, las cuarentenas y el aislamiento forzoso como parte de la “nueva normalidad”. Este es un concepto policial de la salud. Tiene su ejemplo más palmario en la ley HR 6666 (COVID-19 Testing, Reaching, And Contacting Everyone (TRACE) Act) en EE.UU. que habilita al Estado a hacer un monitoreo permanente de la salud de cada ciudadano, un seguimiento de los contactos a los que estuvo expuesto y a decidir cuarentenas y aislamientos, análisis obligatorios y una demencial cantidad de medidas de “control”. Por su parte, el Departamento de Salud del Reino Unido acaba de publicar su protocolo para el manejo de las “personas infecciosas” que contempla un arbitrario uso de la fuerza pública.

El concepto policial de la salud se despliega en los proyectos de pasaportes sanitarios, vacunación forzosa, mascarillas obligatorias y monitoreo de la temperatura corporal y otros datos biológicos. En la misma dirección caminan los proyectos legislativos para prohibir las reuniones, la noción de “distancia social” y todas las perspectivas “aislacionistas” como medidas preventivas contra el “contagio”.

Detrás de estos conceptos subyace la noción de que cada persona es en sí misma un peligro para los demás:

Anuja Sonalker, CEO de Steer Tech, una compañía que vende tecnología para el auto estacionamiento de vehículos, resumió recientemente el nuevo discurso “sanitario”: “Hay una tendencia a la tecnología sin contacto con humanos. Los humanos son biopeligrosos, las máquinas no lo son”.

El Estado policial se proyecta también en las restricciones a la libre circulación (que hace necesarios los “permisos de circulación”), en la prohibición y/o regulación del disfrute de playas, ríos y otros espacios públicos, y en el encierro progresivo en el mundo digital.

Claudio Fabián de Guevara

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *