La “nueva normalidad” es la vieja usura

El Boletín del Congreso recoge una proposición no de ley del PSOE que aboga por “la eliminación gradual del pago en efectivo, con el horizonte de su desaparición definitiva”.

Por su parte, en Hacienda admiten que también planean rebajar de 2.500 a 1.000 euros los pagos en metálico, como plantearon, sin éxito, en 2019.

De ambas medidas sólo se favorecería a las grandes firmas de medios electrónicos y a la Banca mundial.

El efectivo se ha convertido en un medio de pago perseguido por los diferentes poderes y más desde la llegada de la covid-19, cuando se comprobó cómo crecía el uso de las tarjetas y avanzaba la digitalización de los servicios bancarios, dentro de un supuesto plan para elevar la recaudación fiscal o de mejora del control tributario.

El debate de la eliminación del efectivo es habitual en diferentes países, algunos de ellos europeos. Aproser, la Asociación de Compañías de Servicios de Seguridad, que abarca a casi todas las firmas de transporte de efectivo, recuerda que en Suecia se intentó eliminar el efectivo con resultados negativos. “Ahora están imponiendo a las entidades financieras la aceptación del efectivo ante las graves consecuencias sociales del proceso de gradual eliminación de su disponibilidad”, apuntan.

Enrique de la Fuente

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