Reflexiones sobre la marcha en torno a una pandemia (VI). Hay que trabajar menos horas

Cobrando, como poco, lo mismo debe reducirse la jornada laboral. El confinamiento al que millones de españoles se han visto, y aún se ven sometidos, permite extraer conclusiones prácticas, más allá de las agoreras teorías liberales, de los beneficios sociales de trabajar menos horas. Este argumento, el de la reducción de la jornada laboral, siempre viene de mano de la izquierda y ha cosechado la crítica tanto de la patronal como de muchos trabajadores que, antes echar un poquito de valor en la conquista de  sus derechos, prefieren el fraternal abrazo de quien les explota. Llamadme rojo, pero no cobarde.

En la antesala de la era de la robótica y con un desempleo endémico de millones de parados, trabajar ocho horas, más en ocasiones algunas extras, es un sinsentido. En épocas y países en los que el empleo escaseó en mayor medida que en el momento actual, gobiernos enfrentados a crisis económicas desbordantes optaron, en primer lugar, por sacar mano de obra del mercado laboral. Hoy en día, con una sociedad distinta, es momento de comenzar un paulatino reparto de las horas de trabajo. Y pongo un ejemplo sencillo, para que todo el mundo lo entienda. En los años setenta, habiendo alcanzado España un nivel de bienestar muy  próximo a los parámetros de Europa occidental, una familia, en muchos casos con tres hijos, podía mantenerse con los ingresos de un único salario. Hoy, en la era de los avances y de la soberbia tecnológica, una familia -con un hijo, en el mejor de los casos-  apenas puede sustentarse con dos sueldos ya que, en números redondos, uno se lo va lleva el banco en forma de la letra de la hipoteca.

Trabajando cinco horas diarias cada uno, las parejas no encararían la maternidad y la paternidad como un reto insuperable. Y recuerdo que los niños, y no la inmigración, son la garantía de las pensiones del mañana. Ambos dispondrían de tiempo para trabajar, cuidar de sus hijos desahogadamente, ampliar su formación académica o profesional y, si me apuráis, ir a crosfitt y cardio box sin agobios ni prisas. Hablo de tener tiempo para nuestros mayores y dedicarles aquella atención que justamente merecen. Cocinar comida sana y no deglutir alimentos procesados que son fuente de colesterol, enfermedad, gasto sanitario y de una enorme cantidad de residuos en forma de plásticos, envases y envoltorios. Ir al trabajo sin estrés y contando con horas suficientes para poder hacerlo en transporte público, reduciendo así las emisiones a la atmósfera. Comprar y hacer tareas domésticas a lo largo de la semana para que tantos trabajadores, que apenas libran un sábado o un domingo al mes, puedan disfrutar de un merecido descanso junto a sus familias. Beneficios sociales o beneficios empresariales. He ahí la cuestión.

Miguel Sardinero

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