Conclusiones sobre la marcha en torno a una pandemia (IV). La globalización mata

El coronavirus es globalización y mata. Ana Julia Quezada es globalización y mató. Marroquíes arrasando las ramblas con una furgoneta son globalización. Que un tunecino hiciese lo propio en Niza y un paisano suyo lo emulase, en un mercadillo navideño berlinés, también son globalización. Invadir Irak es globalización. El “tatuador carnicero”, colombiano y antifascista, es globalización. La masacre islamista de la sala Bataclan es globalización. Los inmigrantes que se ahogan en el Mediterráneo lo hacen como consecuencia de la globalización. Como fue auspiciada la guerra de Libia y su desintegración como  Estado por la globalización. Que un eritreo lance a un niño alemán de ocho años a las vías para que un tren lo arroye y mate es globalización. Propiciar una guerra terrorista en Siria es globalización. Elin Krantz, Pamela Mastropietro, Maria Ladenburger y tantos miles de mujeres europeas fueron asesinadas por esa globalización que cruzó en sus caminos a un nigeriano, a un afgano,  a un etíope o vaya usted a saber quién y de dónde. Los ecosistemas mueren porque los mata el consumismo consustancial a la globalización. Cualquier europeo que, al ir o venir del trabajo o paseando, es  acuchillado, despezado a hachazos, decapitado o reventado a martillazos por un solicitante de asilo o un perturbado que profiere gritos yihadistas también es globalización.

Podríamos seguir hasta rellenar un enorme libro con los muchos millones de víctimas del actual modelo de dominación económico, social y político conocido como globalización. Pero, para el aparato mediático del globalismo, lo preocupante es «el auge de la extrema derecha». Y, lo más  importante, «frenar el discurso del odio», que es como suelen denominar a la verdad. Basta con echar un vistazo a las columnas en prensa de esos paniaguados al servicio de la agenda marcada por Bill Gates, Jeff Bezos o Georges Soros para darse cuenta que, a capa y espada, sostendrán con argumentos falaces y bucólicos a la globalización. Poco les importan los muertos, sobre todo, si quienes han perdido la vida, como consecuencia de este sistema tan inviable como criminal, son europeos.  Toca cerrar filas para sostener el tambaleante tinglado mundialista. Y en las circunstancias actuales, que vuelven a dejar más que en evidencia las lacras globalistas, están redoblando sus esfuerzos.

Habrá quien piense que la mayor parte de todos estos luctuosos sucesos y dramáticos hechos históricos, respecto a  esta crisis, quedan descontextualizados. O que el coronavirus poco o nada tiene que ver con ellos. Craso error. Porque esta pandemia también es una consecuencia directa de la enorme presión de esos opacos polos de presión económica. Además, el covid-19 no es solamente un suma y sigue en el cómputo de bajas, sino un punto de inflexión, Un vértice que da paso a una vertiginosa caída, que conduce a la globalización a su estrepitoso y muy probablemente caótico final o a millones de seres humanos hacia la esclavitud.Miguel Sardinero  

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *