Los orígenes de “matar judíos”

«Matar judíos», una expresión políticamente incorrecta que en la actualidad se entiende como procesionar de bar en bar bebiendo limonada, en otros lugares sería más o menos el equivalente a la sangría.

El periodo oficial de esta tradición va desde el Viernes Santo hasta el Domingo de Resurrección. Es propia de Castilla, y más enraizada, quizás en León, de donde provienen las diferentes teorías sobre su origen.

No existe una única receta si bien la más tradicional es la que tiene como ingredientes vino clarete, agua, azúcar, canela y limón que se ponen en una tinaja de barro para dejar en reposo durante una semana. A partir de ahí, se puede hacer con vino tinto o blanco, y añadir otras frutas como manzana, naranja, higos, y un chorro de algún licor.

Los historiadores barajan varios orígenes del “Matar judíos” como el que se remonta a la Edad Media en referencia a la relación que mantenían los judíos y los cristianos y a las estrategias de las autoridades civiles y eclesiásticas para evitar una matanza en las juderías de León.

Así para evitar que los cristianos se vengaran de los hebreos, a los que consideraban responsables de la muerte de Cristo y a los que acusaban de envenenar el agua y de profanar las hostias sagradas durante las celebraciones del Viernes Santo, se optó por permitir en plena época de ayuno y abstinencia la ingesta de una bebida algo más suave que el vino con el único objetivo de emborrachar a los fieles en las tabernas y evitar así que se cumplieran todas las amenazas de camino hacia la judería.

Según los historiadores, los abusos eran más frecuentes en la época de la Semana Santa cuando los judíos hasta evitaban salir de sus casas. Llegado el Viernes Santo y a la pregunta de quien mató a Dios Nuestro Señor los leoneses respondían al unísono: «Los judíos». Ese mismo día armados con palos, guadañas, hoces o espadas se dirigían calle abajo desde la catedral hasta la judería para vengar la muerte de Cristo, lo que llevó a intervenir a las autoridades con ese permiso para tomar limonada, una bebida de capacidad relajante y tonificadora que mermaba la sed de venganza.

Otra versión distinta, y con resultado contrario, es que la suavidad de esa bebida conseguía emborrachar al más sereno por lo que en su estado de embriaguez los cristianos decidían tomarse la justicia por su mano y vengar la muerte de Cristo, por lo que tomar limonada paso a ser sinónimo de matar judíos.

El incidente más importante entre cristianos y hebreos en León está documentado y ocurrió en el contexto de un enfrentamiento del rey Juan II de Castilla con parte de la nobleza leonesa. Los ciudadanos judíos estaban protegidos por el monarca por lo que los leoneses consideraron que atacarles equivalía a ignorar la autoridad real, como sucedió en la primavera de 1449 cuando Pedro de Quiñones saqueo la aljama (lugar de culto para los judíos) con el vino como mejor aliado para enardecer los ánimos.

Otra de las teorías del ‘Matar judíos’ hace referencia a las celebraciones de los cristianos tras el decreto dictado en 1609 por el rey Felipe III que dio lugar a la expulsión definitiva de los hebreos de León ya que el edicto de los Reyes Católicos no consiguió la expulsión de todos los judíos. Dice la leyenda que al no tener judíos que expulsar, los leoneses conmemoraron esta victoria con visitas a las tabernas de modo que cada limonada que tomaban era un judío que mataban o expulsaban.

A este respecto, se atribuye a Fernando el Católico una frase cuando firmó el decreto de expulsión de los judíos en 1492: «Limonada que trasiego, judío que pulverizo», el dicho que ha evolucionado en la «limonada para matar judíos».

Leónidas Tur

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