Las izquierdas vuelven a lograrlo: los pasos no procesionarán en 2020

Aquella Semana Santa de 1936, curiosamente coincidente en fechas con la de 2020, transcurrió en un ambiente que distaba mucho de la tolerancia y libertad religiosa que se le debe presuponer a una República democrática. De hecho, ninguna Semana de Pasión, desde 1931, se había celebrado sin suspensiones provocadas por  altercados y episodios anticlericales. Pero la de 1936, ya con el Frente Popular en el Gobierno, anunciaba la ola de persecución, masacres y destrucción de iglesias que los partidos y sindicatos de izquierdas desatarían unos pocos meses más tarde.

Desde la desautorización, por decisión gubernativa, a ataques de turbas republicanas a las procesiones, a base de pedradas y estacazos, tuvieron como consecuencia que tronos, andas e imágenes tuvieran que permanecer en los templos o regresar a ellos de manera precipitada. Algunas de aquellas tallas, magníficas muestras del patrimonio artístico de todos los españoles, solamente volvieron a salir a la calle para que las destrozaran a hachazos y fuesen pasto de las llamas incendiarias de la UGT, de la CNT y de otras organizaciones de izquierdas.

Tras la derrota de la República genocida, solamente el mal tiempo había impedido el normal desarrollo de esta emocionante tradición. Una festividad que de lo religioso trasciende a la identidad cultural de nuestro país. Cristos y Vírgenes se quedan este año, veremos los siguientes, en catedrales, iglesias y templos. Y no únicamente por una enfermedad, sino por la falta de previsión del Gobierno y por su irresponsabilidad ante la propagación de la pandemia, sacando a la calle, el pasado 8 de marzo, a su irreverente procesión del odio y de la ingeniería social feminista.

Miguel Sardinero

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