Toca resetear

Nuestra vida personal se enfrenta con mucha frecuencia a lo inesperado, y es de agradecer, porque una vida previsible al ciento por ciento acabaría siendo un muermo, así que casi todos preferimos una cierta mezcla soportable al 50% de orden y sorpresa.

Sin embargo, cuando lo imprevisible se convierte en una regla indomable, cuando subvierte el orden y el sentido que hemos depositado en la costumbre y en las rutinas más básicas, el mundo de la vida parece venirse abajo y la razón puede perecer a manos de la peor de las pesadillas, del pánico colectivo.

Esto es parte de lo que podría pasarnos en las próximas semanas, a nada que los misterios incomprensibles de la biología den en circular por curvas vertiginosas, y tendremos que esforzarnos en evitarlo.

No sabemos qué será de nosotros en los próximos meses, y nos tememos que el resultado de esta lucha desigual y un tanto a ciegas contra el virus tenga resultados desastrosos en términos de vidas humanas, pero, sobre todo, en forma de destrucción económica y de crisis social prolongada.

Ya veremos; lo que toca ahora es reconocer que la vida de cada cual depende mucho más de lo deseable de azares, y que, tanto de modo individual como colectivamente, necesitamos esforzarnos para mantener la libertad, la dignidad y la civilización porque, la capa que nos separa del desastre y la barbarie es muy delgada.

Tal vez no veamos cambios espectaculares, pero la masa oculta sobre la que se soporta nuestro modo de vida va a ser sometida a prueba y muchos comprenderán, al fin, cosas que otros, más perversos y aprovechados, siempre han tratado que nadie advierta.

J. Garrido

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