Yo le compro a mi vecino

Mis RRSS están desde que comenzó el confinamiento llenas de textos, vídeos e imágenes apelando a la entereza, a la unidad nacional, a la solidaridad y a aparcar el egoísmo.

Por el contrario, mi televisión, las pocas veces que le doy oportunidad, no deja de mostrarme a cientos de personas corriendo por los pasillos de las grandes superficies para acaparar todos aquellos productos que en esta sociedad enferma se consideran de primera necesidad. Véase el ejemplo del papel higiénico, que llena los arcones de muchos hogares españoles y ha terminado siendo utilizado a modo de pelota.

En los mencionados hipermercados, la distancia de seguridad y el protocolo marcado por las autoridades sanitarias pasa a un segundo plano, con consumidores que manosean todo tipo de productos, supongo que para abrazarse a ellos si esto continúa poniéndose feo.

Pues bien, cerca de nosotros, en nuestro propio vecindario, tenemos a los propietarios del pequeño comercio, los grandes olvidados de nuevo.

Mucho más cerca de nuestras casas tenemos tiendas de barrio que nos ofrecen un producto fresco, de calidad, sin carreras ni aglomeraciones.

Todos ellos, debido al desgobierno que padecemos, deberán seguir tributando a final de mes aunque no facturen.

Por ello, pido que por una vez todas esas cadenas de generosidad salgan de las redes para convertirse en reales, y ayudemos, mientras desde luego nos beneficiamos, a nuestro vecino el tendero.

Ricardo Reis

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