El colapso del sistema

Dicen que a una especie se la conoce en los momentos de debilidad. Desde luego, esta crisis del coronavirus está dejando al descubierto a más de uno.

Resulta que en tiempo de bonanza los gurús de la izquierda progresista entonaban el mantra del “Refugees Welcome”, el mundo sin barreras, la multiculturalidad y hablaban de las fronteras como algo inútil en un mundo globalizado.

En el otro lado del tablero del sistema, los liberales nos vendían que el Estado no debe intervenir en el mercado, ya que este se regula solo, que no había que imponer medidas arancelarias, que el capitalismo creaba riqueza, y que había que potenciar el sector privado.

Entretanto, aquellos que desde hace tiempo nos situamos fuera de ese tablero mediático en el que las figuras sólo sirven para tapar a esos poderes reales que ni se votan en las urnas ni aparecen en los discursos, avisamos por activa y por pasiva que el mundo del liberalismo salvaje y las fronteras de algodón colapsaría más temprano que tarde.

Y aquí tenemos la prueba. Un virus, supuestamente salido de un laboratorio militar chino, con un genoma capaz de integrarse como nunca habíamos visto en el ADN humano y que sorprendentemente ataca con mayor virulencia a un sector delimitado de la población, ha puesto en jaque a derechoides e izquierdosos.

Hoy, con el mundo en una paralización solo comparable a la del periodo de entreguerras, los socialdemócratas vociferan que es necesario cerrar las fronteras y los enemigos de lo estatal le piden al Ejecutivo intervención y emisión de deuda pública.

A estas horas, en nuestra amada tierra, las fronteras están cerradas al tráfico terrestre, y fuertemente controladas en los planos naval y aéreo.La administración se ha centralizado en un mando único. Los sectores estratégicos se encuentran bajo control estatal y el Gobierno ha confiscado recursos de primera necesidad, además de aprovechar todos los recursos de la sanidad privada por el bien del pueblo. Se prevé además que los tipos de interés se acerquen al cero en las próximas horas.

Si algunos de los pensadores más brillantes y a la vez más vilipendiados de nuestra gloriosa historia levantaran la cabeza…

Ricardo Reis

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