¿Cómo convertir cualquier aberración en ley?

En la actual sociedad decadente de la tolerancia mal entendida, que no tiene ideales fijos y, como resultado, tampoco una clara división entre el bien y el mal, existe una técnica que permite cambiar la actitud de conceptos considerados totalmente inaceptables para hacerlos ver populares y llegar a ser incluso protegidos por las leyes.

Ya hace tiempo que llegó el día en que al Bien llaman mal y al Mal llaman bien, se han ido relativizando diferentes conductas antinaturales, y ya ha llegado el día que anunciaba Chesterton: aquel en que será necesario desenvainar la espada por afirmar que el pasto es verde.

Un ejemplo radical de cómo convertir en aceptable una acción repugnante, ajena a cualquier moral pública, sería ahora mismo la idea de legalizar el canibalismo paso a paso, hasta convertirse en una realidad aceptada por la conciencia de masas y la ley del Sistema, como ya trató de explicar Evgueni Gorzhaltsán, popularizando la teoría política conocida como la ventana de Overton, que consiste en una secuencia concreta de acciones con el fin de conseguir el resultado deseado, este no se consigue mediante un lavado de cerebro directo, sino con técnicas más sofisticadas que son efectivas gracias a su aplicación coherente y sistemática sin que la sociedad, en su inmensa mayoría aborregada, se de cuenta del proceso.

Siguiendo con el ejemplo del canibalismo, la primera etapa sería pasar de lo impensable a lo radical:

Actualmente la cuestión de la legalización del canibalismo se encuentra en el nivel más bajo de aceptación en la ‘ventana de posibilidades’ de Overton, ya que la sociedad lo considera como un fenómeno absurdo e impensable, un tabú.

Para cambiar esa percepción, se puede, amparándose en la libertad de expresión, trasladar la cuestión a la esfera científica, pues para los científicos normalmente no hay temas tabú. Por lo tanto, es posible celebrar, por ejemplo, un simposio etnológico sobre rituales exóticos de las tribus de la Polinesia y discutir la historia del tema de estudio y obtener declaraciones autorizadas sobre el canibalismo, garantizando así la transición de la actitud negativa e intransigente de la sociedad a una actitud más positiva.

Simultáneamente hay que crear algún grupo radical de caníbales, aunque exista solo en Internet, que seguramente será promocionado y citado por numerosos medios de comunicación. Como resultado de la primera etapa de Overton, el tabú desaparece y el tema inaceptable empieza a discutirse.

En una segunda etapa se irá de lo radical a lo aceptable:

En esta etapa, hay que seguir citando a los científicos, argumentando que uno no puede blindarse a tener conocimientos sobre el canibalismo, ya que si alguna persona se niega a hablar de ello será considerado un hipócrita intolerante.

Al condenar la intolerancia, también es necesario crear un eufemismo para el propio fenómeno para disociar la esencia de la cuestión de su denominación, separar la palabra de su significado. Así, el canibalismo se convierte en ‘antropofagia’, y posteriormente en ‘antropofilia’.

Paralelamente, se puede crear un precedente de referencia, histórico, mitológico, contemporáneo o simplemente inventado, pero lo más importante es que sea legitimado, para que pueda ser utilizado como prueba de que la antropofilia en principio puede ser legalizada.

Pasamos a la tercera etapa del cambio de lo aceptable a lo sensato:

Para esa etapa, es importante promover ideas como las siguientes: “el deseo de comer personas está genéticamente justificado”, “a veces una persona tiene que recurrir a eso, si se dan circunstancias apremiantes” o “un hombre libre tiene el derecho de decidir qué come”. Estas ideas se publicitarán y difundirán por todos los medios.

Los adversarios reales a esos conceptos, es decir, la gente de a pie que no quiere ser indiferente al problema, intencionadamente se convierten para la opinión pública en enemigos radicales cuyo papel es representar la imagen de psicópatas enloquecidos, oponentes agresivos de la antropofilia que llaman a quemar vivos a los caníbales, junto con otros representantes de otras minorías.

Expertos y periodistas en esta etapa demuestran que durante la historia de la humanidad siempre hubo ocasiones en que las personas se comían unas a otras, y que eso era normal.

En la cuarta etapa convertirán lo sensato en popular:

Los medios de comunicación, con la ayuda de personas conocidas y políticos, ya hablan abiertamente de la antropofilia. Este fenómeno empieza a aparecer en películas, letras de canciones populares y vídeos. En esta etapa, comienza a funcionar también la técnica que supone la promoción de las referencias a las personajes históricos destacados que practicaban la antropofilia.

Para justificar a los partidarios de la legalización del fenómeno se puede recurrir a la humanización de los criminales mediante la creación de una imagen positiva de ellos diciendo, por ejemplo, que ellos son las víctimas, ya que la vida las obligó a practicar la antropofilia.

En la última etapa, la quinta, desde lo popular llegarán a lo político:

Esta categoría supone ya empezar a preparar la normativa para legalizar el fenómeno. Los grupos de presión se consolidan en el poder y publican encuestas que supuestamente confirman un alto porcentaje de partidarios de la legalización del canibalismo en la sociedad. En la conciencia pública se establece un nuevo dogma: “La prohibición de comer personas está prohibida”.

Esta es una técnica típica del liberalismo socio-político que funciona debido a la tolerancia como pretexto para la proscripción de los tabúes. Durante la última etapa del ‘movimiento de las ventanas’ de Overton de lo popular a lo político, la sociedad ya ha sufrido una ruptura, pues las normas de la existencia humana se han alterado o han sido destruidas con la adopción de las nuevas leyes.

Gorzhaltsán concluye que el concepto de las ‘ventanas de posibilidades’, inicialmente descrito por Joseph Overton, puede extrapolarse a cualquier fenómeno y es especialmente fácil de aplicar en una sociedad “tolerante” en la que la llamada libertad de expresión se ha convertido en la deshumanización y donde ante nuestros ojos se eliminan uno tras otro todos los límites que protegen a la sociedad del abismo de la autodestrucción.

El aborto, los vientres de alquiler, la eutanasia, la pedofilia…Todos estos temas, antaño tabú, han pasado por este procedimiento o se encuentran inmersos en él en estos momentos.

J. Garrido

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