Gabriel y la bestia

No existe castigo justo para esta perra. Un monstruo como ella jamás merecerá volver a convivir con seres civilizados. Perdió ese derecho cuando asesinó a sangre fría a un niño de 8 años y además fue capaz de llorar ante las cámaras cuando toda España buscaba a la criatura a la que había estrangulado.

No existiría justicia en una cadena perpetua. Pagando durante años tres comidas, gimnasio, cine, médicos y hasta piscina a esta miserable. Ni siquiera condenar a esta bestia a trabajos forzados de por vida. Porque tarde o temprano,algún mequetrefe desde algún tribubal internacional clamaría por los mismos derechos humanos que ella arrebató al pequeño Gabriel. No existiría tampoco en la pena de muerte, tan civilizada y dulce. Su vida no puede acabar durmiendo plácidamente.

Un convenio con Turquía, El Congo, Colombia… Para que cumpliera su pena en una prisión de allí.

O un zulo pequeño, húmedo y oscuro en medio de la nada.

Es lo único que se acercaría a una sentencia justa. Que pase años temiendo por su vida, sufriendo.

A. Pavón

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