Estudios recientes demuestran la barbarie de los campos de exterminio británicos

Un grupo de estudiantes de arqueología de la Universidad de Sheffield ha desenterrado el que, en 1944, fue el mayor campo de concentración levantado en territorio británico para prisioneros de guerra de las potencias del Eje.

El último vestigio de cómo los vencedores son capaces de enterrar sus vergüenzas ha sido descubierto en Yorkshire (Inglaterra) esta misma semana. Acaban de comenzar a sacar a la luz los restos del que fuera el mayor campo de prisioneros de guerra levantado por Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. Una prisión olvidada que, durante su época de mayor apogeo, llegó a albergar a casi 11.000 cautivos alemanes, italianos y ucranianos. Aquellos que Churchill consideraba más peligrosos.

También han empezado a reunir toda clase de documentación sobre el campo, averiguando, por ejemplo, que ya fue diseñado en la Primera Guerra Mundial y que, en los años cuarenta, los reos padecieron todo tipo de privaciones en su interior.

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, Moor Lodge fue uno de los 1.500 campos de prisioneros que Gran Bretaña levantó en su territorio para confinar a los prisioneros que capturaba.

“Los presos pasaban el día bajo la lluvia, el frío y los restos de lodo”, explica un estudiante de la Universidad. Por si fuera poco, había tantas almas allí dentro que los presos fueron obligados a dormir hacinados en tiendas de campaña.

Los investigadores han hallado testimonios que corroboran que en los barracones vivieron hasta 70 reos, cuando el máximo debería haber sido de una treintena.

Las pesquisas han logrado desvelar que, en 1944, el Comité Internacional de la Cruz Roja describió este campo de concentración como “insuficiente” e “inhabitable”.

Redacción

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