Los autónomos amenazan con despidos por el registro de la jornada

Los empresarios españoles, denuncian que el registro horario supone «retrotraerse al siglo XIX, a la época de la mina». Sin embargo, parecen no haber reparado en que imponer jornadas abusivas y sin remunerar a sus empleados -tal y como sucede- supone un retroceso aún mayor. Más próximo a un régimen esclavista que a una sociedad avanzada.


Va «contra la flexibilidad laboral» y es «una traba para la creación de empleo». Así es cómo Lorenzo Amor, presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), define una medida ante la que, como evidencian sus palabras, se ha mostrado claramente en contra.


Luz Marrero 

Un comentario sobre “Los autónomos amenazan con despidos por el registro de la jornada

  • el 13 mayo, 2019 a las 10:15 pm
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    Lo que se esconde detrán del registro no son las horas , el problema es el afán comunista de controlar todo los que hace el ciudadano hasta el mas minimo detalle.

    Nos están cerrando el portón.

    Hace ya algún tiempo en un viaje a Argentina fui invitado a visitar la estancia propiedad de un alemán del Volga donde elaboraban jamones caseros.
    Al pasar por un chiquero, me llamó la atención el porte de una cerda amamantando a unos cuantos lechones y para salir de la curiosidad, le pregunté al hijo del patrón que me estaba atendiendo por la raza de los chanchos.
    – Son “pura raza argentina” me dijo.
    …Pero espere que llamo a mi padre, que a él le va a gustar contar la historia de los cerdos.
    Por la puerta de la cocina emergió Herr Helmut, un gigante de cabellos blancos que se desplazaba dificultosamente asistido por un bastón de 3 patas invitándome a sentarme a una mesa de la galería donde tenía un enorme botellón de alcohol de nuez de no menos de 60 º.
    -¿Ud. sabe como se cazan los chanchos salvajes del monte?- me espetó el paisano sin más trámite, mientras me servía un vasito chato de ese brebaje.
    – Bueno, creo que los perros enganchan al chancho y con un fusil que se les mata haciéndose así con los lechones para criarlos posteriormente. – le contesté prudentemente presintiendo que la historia venía por otro lado…
    – En este caso, no es así. – me dijo Herr Helmut y prosiguió:
    – Y cuando le diga cómo los cazo yo, Ud. va a poder entender por qué se los llama de raza “argentina” y si es un hombre inteligente, podrá sacar algunas conclusiones acerca de por qué a los argentinos les va como les va.
    Para cazarlos hay que comenzar por buscar un manchón sin matorrales y tirar un poco de maíz en el suelo. Cuando los chanchos lo descubren, van a comer todos los días, y Ud. solo tiene que reponerles diariamente la ración. Una vez acostumbrados, construye una cerca en uno de los lados del sitio y les sigue poniendo alimento. Por unos días van a desconfiar, pero después terminan por volver. Entonces se hace otra cerca a continuación de la anterior, y les sigue poniendo comida hasta que dejen de dudar y regresan a comer.
    Y así sucesivamente, hasta que casi cierra los cuatro lados y solo deja una abertura para un portón.
    Ya para entonces se han acostumbrado al maíz fácil, le han perdido el miedo a los cercos
    y entran y salen casi con naturalidad…
    Un día va y coloca el portón, lo deja abierto y sigue poniendo maíz, hasta que encuentra a la piara comiendo … y entonces cierra la puerta.
    Al principio empiezan a correr en círculos como locos, pero ya están sometidos.
    Muy pronto se tranquilizan y vuelven al alimento fácil que ya se olvidaron de buscar por si mismos, y aceptan la esclavitud.
    Los argentino y en general los latinos, no se dan cuenta que estos gobiernos populares y demagógicos que tienen, proceden de la misma manera que yo con los chanchos… Les tiran maíz gratis disfrazado de programas de ayuda, planes sociales, empleos públicos, cargos políticos, sueldos para ñoquis, subsidios para cualquier cosa, leyes proteccionistas, sobornos electorales…
    Todo a costa del sacrificio de las libertades que les van confiscando migaja a migajas sin darse cuenta de que no existe la comida gratis, y que no es posible que alguien preste un servicio más barato que el que uno mismo hace.
    ¿Acaso no ven que toda esa maravillosa “ayuda” que reparte el gobierno, lo hace con los poderes que el pueblo permite que se arroguen, para depredar las libertades y los bienes de la gente que trabaja y que produce?
    Don Helmut se mangó lo que quedaba del cuarto vasito de un solo trago, me saludo
    y se fue rengueando por la puerta de la cocina.
    Piensa bien cuando te toque votar porque entre unos y otros:
    *NOS ESTAN CERRANDO EL PORTÓN*

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