Siguen los asaltos a la valla de Melilla

Más de medio centenar de inmigrantes de un contingente de más de 100, a primera hora del domingo han protagonizado un salto a la valla fronteriza de Melilla. La imagen risueña y amenazante de los africanos, así como su aspecto físico no precisamente demacrado demuestran la mentira de quiénes desde oenegés o partidos politicos blanquean a los invasores como si de desnutridos y menesterosos se tratasen.

A las 6 de la mañana más de 100 subsaharianos se aproximaban a la valla con intención de entrar irregularmente a Melilla por el perímetro fronterizo a la altura del aeropuerto.

Muchos de ellos iban equipados con zapatillas que tenían clavos y tornillos en la suela. La violencia contra los agentes de la Guardia Civil ha sido virulenta.

Cuatro agentes han resultado heridos de diferente gravedad, y un africano ha sido detenido por atentado contra la autoridad.

Los 50 subsaharianos que han logrado entrar a Melilla se encuentran ya acogidos en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), donde se les proporcionará alimentación, estancia y control sanitario pagados por los contribuyentes españoles durante una temporada.

Terminarán deambulando por distintas regiones de España para ejercer como “manteros” ilegales y cobrar ayudas sociales que en la comunidad valenciana –por ejemplo- superan los 500 euros.

El pasado año fueron más de 70 mil los ilegales que, en 6 meses, irrumpieron en España al calor del efecto llamada generado por la políticas de sanidad universal gratuita y prestaciones sociales generalizadas para inmigrantes impulsadas por el gobierno de Pedro Sánchez y por los ejecutivos de todas las autonomías, erigiéndose España como puerto receptor de la principal corriente de inmigración ilegal que sufre Europa.

La reunión que George Soros mantuvo el pasado año con el presidente español Pedro Sánchez y la bendición del FMI y Angela Merkel a la política de puertas abiertas y precarización laboral del gobierno español, han hecho de España el bastión europeo de la degradación moral y social a base de regalar a inmigrantes el bienestar que se niega a los autóctonos.

J. M. Pérez

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