Pese a las matanzas de cristianos, el Papa apela al diálogo “interreligioso”

Ya van más de 200 personas asesinadas y más de 500 las que han resultado heridas este Domingo de Pascua en Sri Lanka en una serie de explosiones simultáneas en cuatro hoteles, un complejo residencial y tres iglesias, donde numerosos fieles cristianos celebraban el Domingo de Resurrección.

En Sri Lanka la población cristiana representa el 7%, mientras que los budistas son cerca del 70%, los hinduistas son el 15% y los musulmanes el 11%.

Sri Lanka porta la historia oscura de una desgracia permanente. Fue una colonia conservada a base de sangre y fuego por el Imperio británico entre 1796 y 1948, cuando padeció hambre y asolación infligidas por los ingleses con especial virulencia en el periodo de la II Guerra Mundial, momento en el cual el genocida Winston Churchill desvió recursos naturales de la India y también de Sri Lanka –conocida como Ceilán- para sus soldados del campo de batalla, matando de hambre a más de 4 millones de bengalíes de la India. Las sublevaciones independentistas de Ceilán siempre fueron aplastadas por Inglaterra con la liquidación total de los insurrectos hasta 1948.

En la Sri Lanka independizada de los ingleses ha habido 26 años de guerra civil cruenta entre la mayoría cingalesa budista y la minoría tamil hindú; conflicto que finalizó en 2009, y que dejó más de 80 mil muertos.

Sri Lanka es un avispero de enfrentamiento religioso constante en los últimos diez años donde musulmanes y budistas protagonizaron los últimos enfrentamientos religiosos del país. La minoría cristiana, muy especialmente atacada por la rama cingalesa budista, ha vivido presiones y amenazas que han sido constatadas en el pasado año registrando 86 episodios de violencia incluidos varios crímenes, sobre los cuales, el Papa Bergoglio ha guardado un aterrador silencio que contrasta con la lacrimógena condena papal respecto al atentado a las Mezquitas de Nueva Zelanda.

Al aturdidor panorama de persecución que el cristianismo vive en Asia, se une el de Oriente Medio y Africa, donde milicias islamistas como Boko Haram o grupos de Estado Islamico masacran a centenares de miles de cristianos. En Europa, Francia ha sido pasto del ataque a docenas de Iglesias en lo que va de año, incluida la quema de Notre Dame, y la Semana Santa española se ha visto empañada por el riesgo máximo en la seguridad policial ante una amenaza yihadista que ha dejado la detención de un marroquí de 23 años afincado en Sevilla que pretendía masacrar las procesiones de la capital hispalense.

El Papa Bergoglio , que ofreció a Evole su lagrimita de cocodrilo ante las “concertinas” de las vallas de Ceuta y Melilla y ha llamado nuevamente en las oraciones de esta Semana Santa al diálogo entre religiones y a que Europa acoja a los inmigrantes, es uno de los principales defensores del magma multirracial y multirreligioso que convierte al mundo, y a Europa, en un coctel explosivo de enfrentamientos donde el legado de la cristiandad se reduce a añicos a pasos agigantados.

J. M. Pérez

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