¿Arde París? (I)

Con motivo del desolador incendio que ha arrasado la catedral parisina de Notre Dame, varios periódicos (ABC, El Mundo, El Español, etc.) se han apresurado a relacionar este desgraciado incidente con la figura de Hitler. ¿Y cuál ha sido esta vez la excusa para que un día más tengamos una noticia luctuosa “nazi” por disparatada que parezca la relación? Esta vez los juntaletras lo tenían fácil. Todos tenemos en la cabeza la expresión “Arde París”, que alude a una supuesta pregunta que hizo  Hitler en el cuartel general sobre la destrucción ordenada a través de una carta al general Dietrich von Choltitz. Sin embargo, no existe prueba alguna ni de la carta, ni ningún testigo presente del alto mando alemán atestiguó al respecto. Entonces, ¿dónde está el origen de dicha expresión? Una vez más hay que encontrarla en la historia novelada, concretamente en el best seller del americano Collins y del francés Lapierre, que con el título de ¿Arde París? se publicó en 1964, dos años después llevada al cine, y de ahí al imaginario francés, europeo y casi mundial.  

La novela relata los días que precedieron a la liberación por la “Resistencia” (en realidad unos pocos comunistas agazapados durante cuatro años), y las tropas aliadas entre los que se encontraban no pocos voluntarios exiliados españoles. Lo cierto es que Hitler ordenó a von Choltitz resistir hasta el último hombre, así como atacar aquellos barrios donde los ejércitos alemanes encontraran resistencia y apoyo a las tropas enemigas. Como cierto es que Von Chlotiz tuvo varias reuniones con el diplomático sueco, Raoul Nordling, al que se cita en el libro como la persona que le convenció de no dinamitar París, cuando en realidad hablaron de si era posible defender la ciudad, del armisticio, de los prisioneros de guerra…pero nunca de esa supuesta destrucción, como está recogido en las autobiografías de ambos.

La primera prueba de que Hitler no tenía ninguna intención de destruir París, es que la ciudad no fue prácticamente bombardeada durante el avance alemán, sólo el 3 de junio y con el objetivo de dañar fábricas y pistas aéreas situadas en el extrarradio. Once días después de la capitulación de Francia, el 28 de junio de 1940, Hitler cumplió un sueño de toda su vida: dar un paseo por la Ciudad de la Luz. (continuará)

Carlos Campano

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