El supremacismo sionista se disputa el poder en Israel

Mañana 9 de abril, Israel celebra unas elecciones legislativas cuyo resultado aunque parece difícil de prever, es de todo menos esperanzador para los palestinos.

Uno de los temas que más se ha repetido en la campaña electoral de los diferentes partidos de derecha e izquierda judía es el racismo anti-árabe, y más concretamente anti-palestino.

Durante la campaña electoral, Anat Berko del Likud, difundió un video en el que simulaba que iba a ser secuestrada por su marido disfrazado de palestino. Entonces, empezaba a enumerar sus “éxitos” en la lucha contra la resistencia palestina para terminar mofándose de los árabes y su idioma.

El Likud de Benjamin Netanyahu quiere formar coalición con el partido supremacista, racista y violento Poder Judío (Otzma Yehudit), que aboga por la expulsión de todos los árabes de Israel incluyendo Gaza y Cisjordania. Sus políticas de segregación racial quieren prohibir incluso cualquier tipo de matrimonio o relación entre árabes y judíos. Estos son los aliados de Netanyahu, actual Primer Ministro de Israel.

El principal opositor a Netanyahu, Benjamín ‘Benny’ Gantz (del partido Azul y Blanco / Kahol Lavan), a pesar de presentarse como la opción moderada de centro izquierda, ha llevado el lenguaje beligerante al siguiente nivel. En su spot electoral se limita a mostrar un funeral palestino mientras un número en mitad de la pantalla asciende hasta llegar a 1.364. Esta cifra es el número de palestinos de cuya muerte fue responsable Gantz durante la Operación Borde Protector, en la que las fuerzas israelíes bombardearon salvajemente Gaza ente julio y agosto de 2014.

En este contexto, los palestinos no le ven el sentido a participar en unas elecciones que solo sirven para legitimar el sistema israelí y afianzar su espejismo de democracia liberal.

Los palestinos, que tradicionalmente han sido parte de la vida política incluso más que la población israelí, con índices de participación electoral que superaban el 75%, ya no le ven el sentido a seguir participando. Desde 1967 la participación ha caído en picado, y solo un 63% de los palestinos votaron en 2015.

Lo máximo a lo que aspiran los árabes es a un 16% de la representación mientras que el 84% de los votantes son judíos. Casi 3 millones de palestinos en Cisjordania y entorno a 2 millones en Gaza no van a poder votar, lo que reduce la representación de la población nativa a una minoría en su propia tierra.

Leónidas Tur

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *