Carta abierta a la Confederación Estatal de Personas Sordas

Distinguidas mujeres sordas de la Confederación Estatal de Personas Sordas:

Antes que nada, me he dado cuenta de que el nombre de vuestra organización, ‹‹Confederación Estatal de Personas Sordas››, no coincide con su sigla (CNSE). Entonces, guguelando un poco (bueno, en mi caso, dacdacgouando —de DuckDuckGo—, desde que Google despidió a James Damore y a otros compañeros suyos por cuestionar un dogma feminista —y es que a quién se le ocurre…—), he podido averiguar que antes se llamaba ‹‹Confederación Nacional de Sordos de España››. Sólo por curiosidad: ¿este cambio se debe, quizá, a que sentís vergüenza del nombre de nuestra nación?, ¿quizá eso de ‹‹España›› queda como muy ‹‹machista››, muy ‹‹patriarcal›› o, tal vez peor aún, ¡‹‹fascista››!? La verdad es que no me extrañaría, y menos después de haber leído el manifiesto que habéis difundido con motivo del ‹‹ochoeme››.

Bueno, os escribo esta carta a propósito de ese manifiesto.

A ver, puedo entender que una buena organización no gubernamental que se precie reciba subvenciones del Estado. Y es que ‹‹no gubernamental›› no es lo mismo que ‹‹no estatal››. Estamos hablando de una fuente de ingresos que, por otra parte, dejan satisfechos y agradecidos a más de uno y más de dos estómagos de quienes hacen de este tipo de organización, cuya misión u objetivos se suponen altruistas o desinteresados, su medio de vida.

Así pues, es comprensible que una entidad de este tipo acabe inevitablemente asumiendo la corrección política imperante, sin que necesariamente su responsable o sus responsables participen de los discursos ideológicos dominantes, siempre que, ocioso es decirlo, no manifiesten públicamente su disconformidad.

Ya sabemos que la corrección política opera de forma muy eficaz para forzar voluntades y conductas, y más cuando hay dinero por medio.

Y no estamos hablando precisamente de Cuba o de Corea del Norte (por poner sólo dos ejemplos), porque si alguien cree en verdad que vivimos en un régimen democrático y de libertades, o está lobotomizado, o padece una grave disociación entre mente y cuerpo que hace que su mente se sitúe en Jauja mientras su cuerpo se encuentra en Jaula, o sencillamente ha hecho un ‹‹taller›› intensivo de Imbecilidad Alegre (lo que la mayoría conoce con el eufemismo de Pensamiento Positivo).

Es la nueva servidumbre. Y quien se sale de algún discurso ideológico dominante, ya sabemos cómo acaba (he mencionado al principio el caso de James Damore).

Supongo que es igualmente comprensible que la neutralidad ideológica y política que se supone en estas asociaciones civiles bajo un régimen democrático y de libertades se vaya a freír morcillas (o espárragos, si es vegetariana o vegana), y que poco o nada importe la consideración hacia las personas que son objeto de la atención de tales organizaciones, con más motivo cuando, gracias a la inmensa maquinaria de control mediático y propagandístico al servicio de la oligarquía mundial, la gran mayoría
de las personas asume un determinado conjunto de ideas o sistema de creencias de forma inconsciente y acrítica hasta el punto de que llega a considerarlo como algo que no admite discusión y, por tanto, a pensar que todo el mundo participa de él mientras no se demuestre lo contrario.

Ateniéndonos ahora a vuestra organización no gubernamental en concreto, salta a la vista que la corrección política ha hecho un buen trabajo en lo que respecta a la asunción del feminismo. El problema es que para salir del paso no os ha bastado una simple adhesión o apoyo formales al ‹‹ochoeme›› dichoso, ese día que el mismo capitalismo al que dicen combatir las hordas feministas eligió como Día de la Mujer Feminista que Vive del Cuento, suavizado nominalmente como ‹‹Día Internacional de la Mujer Trabajadora››, sin que en su particular concepto de mujer trabajadora se incluya en modo alguno a la abnegada mujer madre que atiende la casa y trabaja para su esposo y su prole. Ni siquiera os ha parecido suficiente que de repente este año, o quizá el año pasado como muy pronto, hayáis ‹‹descubierto›› que sois víctimas del ‹‹machismo››, del ‹‹patriarcado›› y demás; supongo que, en consonancia con lo que se estila ahora, sólo os ha faltado acusar a Boig (que suele escribirse ‹‹Vox››, seguramente por un error de traducción)…, y conste que no apoyo a ese partido ni de broma.

Y por eso me parece francamente vomitivo, hablando suave, que hayáis politizado la problemática específica de la comunidad sorda considerada en su totalidad, haciéndola ver como exclusiva de las mujeres de nuestro colectivo y entroncarla así con la causa aparente del feminismo.

Es lo que me faltaba por ver…, como si a los hombres sordos no nos afectaran también los mismos comportamientos y actitudes que denunciáis (y eso que yo, particularmente, puedo considerarme afortunado en cierto modo, por mi expresión oral más o menos fluida).

Vuestras reivindicaciones son justas y legítimas si nos atenemos sólo a la letra; pero remiten a un poso ideológico que las contamina y desvirtúa y que hiede a una distancia no de hasta siete, sino de hasta ocho leguas, y por eso, si nos atenemos al espíritu de la letra, se muestran más falsas que una monja con barba, pues parten de una visión totalmente sesgada de la realidad. De ahí que el resultado sea un texto previsible, plagado de lugares comunes, tópicos, palabras- estigmas, palabras vaciadas de su significado original, contradicciones…; en definitiva, un texto semipanfletario y nada diferente de los que lanzan los colectivos feministas salvo por una aplicación particular de la cuadratura del círculo que consiste en hacer que una parte del todo sea mayor que ese mismo todo (hay que reconocer que el recurso tiene su ingenio, dicho sea de paso).

Mirad, no tengo intención de polemizar, de la misma manera, supongo, que vosotras tampoco la teníais al hacernos llegar vuestro manifiesto a través de diferentes asociaciones de sordos. Entre otras razones, porque en el mejor de los casos vuestros argumentos estarían siempre supeditados a otros de ‹‹fuerza mayor›› que ya sabemos. Además, ya hay no pocas personas, incluidas de vuestro mismo sexo, que ponen en evidencia los ‹‹argumentos›› del feminismo, como los todo el ‹‹progresismo›› en general.

Pero como soy algo generoso, sí voy a exponer, breve pero cumplidamente, una reseña histórica del movimiento feminista, a la par que plantear sólo unas pocas cuestiones, por si acaso puedo contribuir a que la próxima vez no se os note tanto ese hedor a cocinado de corrección política y sepáis elaborar con más sutileza la declaración, y quién sabe si también a que alguna experimente un despertar de consciencia y se convierta así en una auténtica heroína, que es la que antepone la verdad a la paz y, más aún, a la felicidad, sin esperar nada a cambio.

El feminismo, tal lo conocemos hoy, nació allá por los años sesenta del siglo pasado como un producto del marxismo cultural, que a su vez es una parte, la más importante, del conjunto de ideas del sistema oligárquico que gobierna a medio planeta. Tiene, pues, unos objetivos determinados, entre los cuales no se encuentra precisamente la auténtica igualdad entre hombres y mujeres y que no es otra que la igualdad isonómica, esto es, la igualdad en derechos, deberes y oportunidades. Y si esta igualdad no se encuentra entre los objetivos del feminismo es porque, sencillamente, se consiguió hace mucho tiempo; en casi todo Occidente, antes, desde luego, de que eclosionara el propio feminismo.

El feminismo, en efecto, persigue otro tipo de igualdad, una igualdad imposible, para lo cual se sale del mundo real y se adentra en otro que me temo que ni la física cuántica será capaz de descifrar algún día. Como consecuencia de esto, odia al varón, más a la mujer que no comulga con sus principios (por llamarlos de alguna manera) y más todavía a la mujer madre que, asumiendo con orgullo y alegría su papel en la familia —a la que antepone a sus deseos o intereses personales—, atiende a su esposo, educa a su prole y cuida del hogar y lo mantiene, unas tareas que el feminismo considera imposiciones del varón o del ‹‹patriarcado››. De hecho, si algo odia el feminismo con especial vehemencia es la maternidad, ese maravilloso estado o cualidad que la Naturaleza ha dado a la mujer para permitirle que cumpla una función básica, y que la diferencia esencialmente del varón.

Ya lo dijo con acierto Leonor Tamayo, president de Women of the World (Mujeres del Mundo), en la manifestación que ayer se celebró en Madrid bajo el lema ‹‹En femenino sí y en masculino también››: ‹‹El feminismo hoy significa enfrentamiento, lucha, desprecio al hombre››. En efecto, como conviene a los objetivos del marxismo cultural.

También por algo otra mujer, Alicia Rubio, afirmó con no menos acierto en la misma manifestación:

‹‹En España las mujeres no estamos en situación de inferioridad ni de discriminación. Es más, muchas personas empezamos a sentir que los que están siendo discriminados por la ley son los hombres››.

Y es que ese engendro del marxismo cultural que es el feminismo va, como he dicho, en otro sentido, tiene otros designios…

De hecho, el feminismo se ha convertido en una nueva religión secularizada, con sus dogmas, sus mantras, sus ritos, sus símbolos, su rebaño de fieles… y hasta su paraíso, que sí hay sin tetas: el amazónico (por eso nunca más oportuna la expresión).

Y como toda religión acaba, tarde o temprano, degenerando en negocio, ahí tenemos sus chiringuitos que se cuentan por miles, para predicar un delirante victimismo y denunciar discriminaciones y desigualdades inexistentes, aderezado todo con soflamas y reivindicaciones esperpénticas, y, de esta manera, legitimar las cuantiosas subvenciones públicas que reciben.

Y no hace falta decir que el feminismo de hoy nada tiene que ver con el de las primeras feministas, que en realidad se llamaban sufragistas porque sólo reivindicaban el derecho al sufragio (al voto) y algún otro de los que en algunos países carecían realmente (es decir, sin subvenciones públicas por medio que legitimar), aunque, como en todas partes, y que afortunadamente no pasan de ser marginales, también las hubo chifladas, como aquella sufragista británica que en un ataque de modestia extrema, o posiblemente por una envidia mal reprimida, clavó unas cuantas cuchilladas en La Venus del espejo, el famoso cuadro de Velázquez…

Por todo ello, cuando habláis de igualdad y de discriminación, no se sabe bien a qué os referís, porque seguro que no os referís a la ley de ‹‹violencia de género›› que tenemos vigente en España y que discrimina de forma flagrante al varón al invertir en su contra la carga de prueba, ni tampoco a las no menos discriminatorias sentencias en la custodia compartida de los hijos. Seguro que tampoco os referís a las mujeres, sordas o no, que tienen hijos o desean tenerlos y que son discriminadas por ello a la hora de acceder a un puesto de trabajo o en el puesto de trabajo mismo. Entre todo ese mar de palabrería hueca, vana y abstracta que constituye vuestro manifiesto, no se aprecia ninguna referencia a estos extremos, así que sólo pueden sacarse conclusiones recurriendo a la fuente original, o sea, al discurso feminista. Y ya hemos visto el ‹‹amor›› que profesa el feminismo hacia el varón y la mujer que es madre o quiere serlo… El ‹‹patriarcado››… Otra de esas palabras vaciadas de su significado original; pero qué bien queda así, en abstracto y junto a ‹‹machismo››, a falta de un sujeto concreto a quien acusar con pruebas… Si os molestarais un poco en investigar sobre lo que es realmente el patriarcado, seguramente os sorprendería saber que ha favorecido a la mujer mucho más que el matriarcado…

La sobreprotección es ciertamente ofensiva cuando prioriza la pertenencia al sexo frente a la posesión de cualidades para desempeñar unas funciones o acometer una empresa. Y por eso una mujer de verdad se siente ofendida por las cuotas paritarias obligatorias instauradas por un mentecato que llegó a la presidencia del Gobierno de nuestra nación hace justamente quince años, y que obligan a que haya igual número de mujeres que de hombres sólo por razón de sexo, aunque ello vaya en detrimento del mérito o de la capacidad. Y se da la ‹‹casualidad›› de que son sólo las mujeres no feministas quienes se sienten agraviadas. No me consta que las feministas hayan protestado alguna vez contra esta sobreprotección impuesta…

He consultado la palabra ‹‹audismo›› en el Diccionario de la Real Academia Española, y veo que no está registrada. Y como los diccionarios digitales también tienen inteligencia, me muestra tres palabras que podrían estar relacionadas: ‹‹autismo››, ‹‹budismo›› y ‹‹nudismo››. Quiero suponer entonces que os referíais a la primera y que la tercera se reserva para los varones sordos, visto vuestro ninguneo a ellos en la problemática de todas las personas sordas…

Una sociedad no avanza cuando unos grupos de presión teledirigidos la meten en un barrizal intentando socavar los fundamentos mismos de la civilización mediante, entre otras ofensivas, la guerra de sexos y el ataque frontal a la institución de la familia, que es la célula básica de la sociedad (claro está que me refiero a la familia natural, esto es, la formada por padre, madre y, en su caso, la descendencia. Parece mentira que haya que recordar algo tan obvio como esto, da hasta grima y todo…; pero, dado el brutal adoctrinamiento de que está siendo objeto la sociedad en general, se impone hacerlo).

Una sociedad avanza principalmente cuando hombres y mujeres, sordos o no, con sus diferencias y sus características propias, se complementan mutuamente, aúnan sus esfuerzos juntos y trabajan por el bien común, sin despreciarse, enfrentarse ni excluirse entre sí (también parece mentira que haya que recordarlo…).

‹‹Liderazgo y acceso de las mujeres sordas a los cargos de toma de decisiones en las organizaciones de la sociedad civil››. Claro que sí, qué duda cabe…, siempre que sea por poseer estas capacidades propiamente, no por ser mujer sorda sin más, y para ello deben destinarse todas las ayudas que hagan falta para superar los obstáculos de comunicación propios de nuestra disminución sensorial. Pero ¿por qué no también acceso de las mujeres sordas a los puestos para picar en la mina, encofrar hormigón o asfaltar carreteras, igual que los hombres? Una pregunta ‹‹tonta›› de las mías…, aunque sospecho la respuesta, que, por descontado, nunca darán las feministas: porque es más fácil reivindicar el acceso a los puestos de trabajo más cómodos y limpios.

Se ve claramente que las feministas no han reparado en que prácticamente todos los trabajos fuera del hogar, incluido el que se realiza en política, y a los que en la actualidad tienen acceso las mujeres, han sido creados por el varón. ¿Qué tal si reivindicáis también un salario para las mujeres que, sordas o no, elijan ser amas de casa y cuidar de sus maridos, de sus hijos y del hogar, para que de esta manera se les reconozca la vital importancia de su labor y además tengan más autonomía? Esto sí que sería un avance importante, ¿no os parece?

Paso de puntillas sobre la ‹‹violencia machista››; entre otras razones, porque no me ha quedado claro si en esta categoría entran las numerosas violaciones y asesinatos cometidos por inmigrantes —musulmanes en su mayoría— contra mujeres españolas y que, a pesar de que son mucho más numerosos que los cometidos por españoles, son silenciados por los medios de comunicación al servicio de la oligarquía… y por las propias feministas, que ponen el grito en el cielo sólo cuando los agresores sexuales o asesinos son españoles y de origen étnico celtibérico (o sea, la inmensa mayoría; no los de etnia gitana), aun cuando, como en el caso de ‹‹La Manada››, los actos no pasan de abusos sexuales. ¿Increíble? Tan increíble como que el Ebro desemboca en el Mediterráneo, si se tiene presente que la alianza entre el feminismo por un lado y la inmigración, la ‹‹diversidad›› y la ‹‹multiculturalidad›› por otro no es casual.

En fin, vuestro manifiesto, como cualquier proclama de los colectivos feministas, resulta extraño, ininteligible…, por intempestivo y fuera del espacio apropiado. Otra cosa sería si hubiese estado dirigido a los Gobiernos de otros países como los musulmanes (o, sin salir de nuestras latitudes, a las comunidades gitanas); pero, puesto que la corrección política ha hecho mella en vuestra organización no gubernamental, no estaréis por la labor, ni mucho menos. Termino como al principio, con otra pregunta por pura curiosidad: ¿qué será lo siguiente?, aunque no me sería muy difícil adivinarlo: ¿denunciar la desigualdad y la discriminación que sufren las personas sordas LGTBIQetc. y reivindicar su visibilidad, su acceso a cargos de responsabilidad, etcétera, etcétera, con ocasión del ‹‹Día del Orgullo Gay›› próximo? Es que sois tan previsibles…

Saludos cordiales,


Adolfo Cuadrado Cabello

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