San Valentín: lo pagano, lo cristiano y lo comercial

La historia más aceptada o la leyenda más difundida sobre el origen de San Valentín –el famoso día de los enamorados que se celebra en la actualidad cada 14 de febrero– no tiene ni mucho menos un final feliz.

Es una historia de persecución, encierro, martirio y muerte que tuvo lugar en la Roma del siglo III, cuando el cristianismo se expandía rápidamente por el Imperio romano , sin que sus dirigentes pudieran hacer nada para impedirlo, pero también tuvo un precedente pagano hasta llegar a la fiesta puramente comercial y materialista de nuestros días.

Gobernaba en ese momento el emperador Romano Claudio II (214-270 d.C.), que había llegado al trono, en el año 268. Una de las medidas que impuso este emperador fue prohibir el matrimonio a sus soldados, en un momento de gravísima criáis económica, social y política del Imperio, bajo la amenaza añadida de los godos y los galos.



Claudio, que apenas estuvo 2 años en el poder hasta su muerte por una epidemia mientras combatía a los vándalos, quería a su ejército al cien por cien. Por eso decidió prohibir el matrimonio a sus soldados, bajo el pretexto de que, si estaban casados, serían más conservadores en el campo de batalla. El emperador creía, en aquellos momentos de acoso de las tribus germánicas, que los solteros eran más aguerridos y valientes, más dispuestos a jugarse la vida porque no tendrían lazos emocionales familiares. No podía permitirse bajar la guardia con las fronteras continuamente acosadas.

En estas circunstancias es cuando surge la figura de Valentín, obispo en Terni (Italia). En esta época Roma había relajado bastante la persecución al cristianismo, varios cristianos subieron a altos cargos del Estado y se mostraron hombres capaces y honestos. Pero entonces Claudio II prohíbe el matrimonio de los soldados y aparece Valentín, el sacerdote que, ante tal injusticia, decide comenzar a casarlos a escondidas bajo el ritual cristiano.


Valentín adquirió gran prestigio en toda la ciudad, hasta que llamó la atención de Claudio II, que le hizo llamar para conocerle. El sacerdote aprovechó aquella visita para hacer hablarle de la fe cristiana e intentar convencer al soberano romano de que siguiera los pasos de Jesús. Y al principio tuvo éxito, y se sintió atraído por aquella religión que la mayoría de los romanos e instituciones repudiaban. Pero alertados porque aquellas ideas calaran en él, el propio Gobernador de Roma y los altos mandos del ejército organizaron una campaña de acoso contra Valentín, con el objetivo de presionar al soberano.

El emperador terminó cambiando de opinión y ordenó que el sacerdote fuera detenido. El encargado de darle caza fue Asterius. Una vez entre rejas, este oficial quiso dejarle en ridículo y le puso a prueba. Le retó a que devolviese la vista a una de sus hijas, Julia, que había nacido ciega. Valentín aceptó y obró el milagro y Asterius y su familia se quedaron tan impresionados que se convirtieron al cristianismo.

El sacerdote fue finalmente condenado a muerte, lapidado y decapitado el 14 de febrero del 269. Se cuenta que en la víspera de su ejecución, le envió una nota de despedida a Julia, firmada con las palabras “de tu Valentín”. Ahí estaría el origen de la expresión anglosajona “From Your Valentine” que aparece al final de las cartas de amor y poemas que se envían los enamorados en la actualidad.

Actualmente, el cuerpo de San Valentín se conserva en la Basílica de su mismo nombre en Terni. La fecha para la celebración del día de los enamorados el 14 de febrero, sin embargo, no se estableció hasta más de dos siglos después. En concreto, entre el 496 y el 498, cuando el Papa Gelasio decidió honrar su muerte.



El Pontífice también quiso acabar con una curiosa fiesta pagana que se celebraba desde hace siglos, derivada de los ritos en honor del dios de la fertilidad: Lupercus. Esta se celebraba el día 15 de febrero y consistía en una especie de sorteo mediante el cual cada joven escogía el nombre de una joven, la cual se convertía en su compañera sexual durante un año. La Santa Sede quiso acabar con esta celebración y canonizó a San Valentín como patrón de los enamorados.



A partir de ahí, San Valentín se celebró durante mil quinientos años, hasta que la Iglesia Católica, tras el modernista Concilio Vaticano II, dudando de la veracidad de la historia de San Valentín, acabó con ella de manera oficial en 1969.

La celebración resucitaría a continuación por obra del comercio e intereses materialistas alejados de la tradición e incluso opuestos a ella.



Jorge G.

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