Los afrancesados

Ciudadanos está en manos de sus «socios europeos». Es decir, es prisionero  de los designios del niño mimado de la banca Rothschild e inquilino del Elíseo, Emmanuel Macron. Preocupante, por no decir que roza la traición, es el desvelo de Albert Rivera por no soliviantar a sus «socios europeos». Ciudadanos, si es  que  alguna vez lo fue,  ha dejado de ser un partido de fiar. Mucho nos tememos que Rivera en Moncloa no sería más que un pelele de Macron, cual José I en manos  de su hermano.  Guiados por los sermones de Manuel Valls, Ciudadanos trabaja en la dirección de los intereses de un Estado extranjero.

La rica lengua castellana tiene una palabra para definir al partido naranja: afrancesados. No es cuestión, en estos tiempos, que Rivera y los tuyos tengan que salir por pies ante la punta de la siete muelles de un español de bien. Tal y como sí tuvo que hacerlo toda la chusma colaboracionista y petulante que, dando la espalda y despreciando a su pueblo, se puso del lado de las tropas napoleónicas. Basta con que el electorado castigue, en los próximos comicios, duramente a Ciudadanos. Para que estos advenedizos comprendan que Macron mandará en Francia, pero que Rivera nunca lo hará en España.

Miguel Sardinero 

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