No hace mucho. No muy lejos

Una anciana de 89 años fue encarcelada por las autoridades de su país -presuntamente un Estado democrático- por expresar sus ideas. No llamó a ninguna guerra, no promovió con su palabra la discriminación por razón de sexo, no instó a los maridos a pegar palizas a sus mujeres. Tampoco afirmó que, por la gracia divina, los suyos fuese los elegidos para imponerse a los demás. Solamente defendió la dignidad de su Patria, negó que quienes hacía muchas décadas gobernaron a su pueblo asesinasen a millones de personas sistemáticamente y afirmó que aquellos soldados que defendieron su tierra lo hicieron con valentía y honor.

Esa mujer se llama Ursula Haverbeck y ahora tiene 90 años. Lleva desde el mes de mes de mayo en una prisión alemana y en ella ha pasado la Navidad y el Año Nuevo. La democracia no da muestras de piedad para quienes cuestionan uno de los dogmas sustentadores de su nauseabundo régimen. Desde el otro lado de los barrotes, Ursula da una lección al mundo. A quienes la odian y a quienes la admiramos. Pese a su aparente fragilidad, se mantiene firme y erguida como una roca del Externsteine. 

Miguel Sardinero 

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