Estas fiestas se llaman Navidad

Seas católico  y celebres el nacimiento de Jesucristo, agnóstico o pagano, felicita la Navidad. Ya pongas árbol o belén, esperes a los Reyes Magos o a Papá Noel, cuando te despidas de los compañeros del trabajo o reencuentres con amigos  y  familiares di, simplemente, “feliz Navidad”. Es un sencillo gesto en defensa de nuestra cultura y contra la sustitución de los europeos autóctonos por masas de inmigrantes. Porque quienes se esfuerzan en desdibujar la Navidad son aquellos  que felicitan el año nuevo chino en mandarín o el Ramadán en árabe.

Por no soliviantar al morito  que va a clase con nuestros hijos, por no quedar como un casposo ante nuestros amigos modernos y podemitas, para no enfadar a las bolleras del curro o por la petulante estupidez de esta sociedad, compuesta por legiones de individuos con veleidades de grandilocuencia económica y cosmopolitismo, se va imponiendo la moda de felicitar “las fiestas”.  Se  trata de una muestra más de ese lenguaje inclusivo que nos excluye a la mayoría.  Está claro que la Navidad y los valores que transmite son la antítesis de la civilización actual: familia, maternidad y modestia. Tres conceptos muy poco del agrado de la izquierda feminista o del  consumismo desaforado de los gigantes comerciales.

Aquellos que quieren borrar, incluso  de nuestra expresión oral, la palabra Navidad para invitar  a “las fiestas” a todos de los  que pueden obtener un beneficio político o económico.

Miguel Sardinero

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