Boicot a Amazon

Si compras a Amazon no te lamentes por el cierre de la juguetería, “de toda la vida”, que tenías debajo de casa o porque la entrañable zapatería de la vuelta de la esquina se liquida totalmente por traspaso de negocio. Amazon ha venido a apuntillar al pequeño comercio nacional, ya muy castigado por las grandes superficies.  La defensa de la  competencia y el libre comercio son, a efectos prácticos, meras declaraciones de intenciones e hipócritas fórmulas. “Eres libre para montar un negocio”, afirma el modelo  económico y la legislación. E igualmente es segura tu caída libre hacia la  ruina, cabría añadir.

En un contexto en el que el poder político no estuviese sometido a los dictados económicos, se debería gravar a compañías como Amazon para que pudieran operar en nuestro país. Estos impuestos no son propios de Corea del Norte o Cuba. Va a ser la Francia de Macron la que, desde el 1 de enero, se lo imponga a GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon). Con él se piensa recaudar 500 millones de euros al año, que tampoco es gran cosa. Pero aquí, en España, además de puta ponemos la cama.

Porque a los trabajadores por cuenta ajena nos afectan, y en sentido muy negativo, las cifras de Amazon. Para el gigante, fundado por Jeff Bezos, lo primero es “la seguridad de sus trabajadores”. Lo primero salvo cuando se imponen ritmos frenéticos y jornadas extenuantes, se reducen los  tiempos en los procedimientos y se fustiga a los  trabajadores -“asociados”, en la jerga amazoniana- como en los peores momentos de la Revolución industrial decimonónica. Mano de obra de ETT a jornada parcial a la que, al  antojo de Amazon y atemorizada con ser descartada, se condena a realizar horas complementarias (pagadas al mismo precio que las ordinarias).

Por no hablar de la constelación de oscuras subcontratas y falsos autónomos de la que Amazon se rodea. Sí, se trata de los repartidores que te llevan a casa el paquete. Trabajadores a los que, en  el momento de ser contratados, se les hace firmar la  renuncia a  la indemnización  por despido o que si se ponen de baja no cobran. Luego están  los  llamados “flex”. Personas, generalmente inmigrantes venezolanos, que trabajan diariamente con Amazon como repartidores descargándose una aplicación y que tributan con  la  tarifa plana de autónomos de 50 euros.

Este es panorama laboral que Amazon fomenta. Un referente a  seguir, en la medida de sus posibilidades, por muchos empresarios españoles cuyo nivel de patriotismo y solidaridad nacional podría equipararse al  de Carles  Puigdemont o  Arnaldo Otegui.

Luego quedaría por tratar los  modelos  de ingeniería  social  globalistas  que Amazon y empresas análogas promueven  en Europa y que tienen en el multiculturalismo a su principal caballo de Troya.

Por todo ello, es imprescindible establecer un cordón sanitario alrededor de Amazon, prescindir de sus ofertas y llamar al boicot. Con empresas como Amazon, a la larga,  lo barato sale muy caro. Ángel Aguado 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *