Pena de muerte es la solución

El día en el que sujetos como José Enrique Abuín, José Bretón o Ana Julia Quezada sean sentados, amarrados a un poste y sus cuellos se quiebren por la acción del garrote vil podremos decir que se ha hecho justicia. La vigente Constitución, además de norma suprema, es fuente de supremas majaderías. Y al constituyente se le ocurrió, entre otras incongruentes ideas, incardinar la pena de muerte dentro de los artículos blindados por el mecanismo de reforma reforzada del texto constitucional.

En estos casos de reos de intrínseco carácter criminal, reincidentes, infanticidas, violadores y pervertidos de toda clase, no hay camino posible hacia su reinserción. Deben ser apartados para siempre de nuestra comunidad. De no ser posible ni tan siquiera una rehabilitación personal, para que pasen el resto de sus días en la cárcel como personas, ¿qué sentido tiene mantenerlos de por vida en centros penitenciarios?

Las familias se merecen una justicia efectiva. Si sus seres queridos no volverán a ver un amanecer, reír, comer o respirar no hay derecho que aquellos que les arrebataron sus vidas sí lo hagan. Porque sucesos como el de Laura Luelmo, que hoy copa periódicos e informativos, van a suceder siempre. De ahí que haya que buscar una solución para que el desenlace de los mismos sea racional, efectivo, ejemplarizante y reparador para estas familias rotas.

Miguel Sardinero

Un comentario en “Pena de muerte es la solución

  • el 19 diciembre, 2018 a las 8:48 pm
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    No. Pena de muerte no, Nadie, ni la Ley, tiene derecho a quitar la vida a nadie. Solamente Dios es el poseedor de crear y eliminar la vida de un ser humano, pero si el ser humano puede fijar prisión permanente -con trabajos forzados para que el asesino no sea un coste para la sociedad en su alojamiento y manutención- revisable por responsables independientes ajenos a intereses políticos y con competencia demostrada de su profesión.
    La pena de muerte no tiene vuelta atrás

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