Queramos a nuestros perros y gatos pero ellos no son nuestros hijos

Las redes sociales vienen a ser el espejo del alma de nosotros, hombres y mujeres, hijos y víctimas de esta civilización. Sólo hace falta echar un vistazo a muchos perfiles para comprobar como infinidad de usuarios,  pero sobre todo de usuarias, califican como “bebés” o “niños” a sus  mascotas. Todo quedaría  en la anécdota y en el cariño que puede llegar a tenerse a un animal. Pero cuando  en España la tasa  de fertilidad se desploma y el animalismo va de la mano, en tantas ocasiones,  de la izquierda radical y del feminismo, la cosa es para preocuparse y mucho.

Llamadme conspiranoico, pero todo parece formar parte de una estrategia general para finiquitar a los europeos que, hasta la fecha, hemos sido gente de raza blanca. El consumismo nos descoyunta como comunidad y nos hace egoístas, engreídos e individualistas. Por otro lado, llega el feminismo para abrir una trinchera y sembrar un campo de minas entre hombres y mujeres. Como válvula de escape para nuestros instintos paternales, maternales o protectores nos rodeamos, como sustitutivo de los niños, de animales. El antirracismo ejerce una  férrea censura sobre quienes protestan por la llegada de masas de inmigrantes, que vienen a reemplazarnos. Llamadme conspiranoico si queréis, sí.

Es cierto que los animales son ser seres que, pese a su independencia en el medio natural, van a estar siempre a nuestro lado. Les damos de comer, tenemos que sacarles a hacer sus necesidades o limpiar sus areneros. Se harán mayores,  pero no se convertirán en insoportables adolescentes, no irán de botellón y tampoco nos abandonarán en una residencia. Estarán ahí, a nuestros pies o sobre nuestro regazo, hasta que sus ojos se cierren para siempre.

Pero tampoco los veremos crecer como a un niño que es sangre de nuestra sangre. No trabajarán y no pagarán pensiones. Y cuando ya no estemos en este mundo nada de nosotros perdurará en ello. El ciclo de la vida se habrá roto con nuestra  existencia infecunda, decrepitud y vejez. Muertos o dependientes, nuestros queridos animales quedarán a merced de la piedad de aquellos que lean un anuncio con frases como “su dueño acaba de morir“. No habrá un hijo o nietos para heredar estos pequeños o grandes tesoros peludos.

Por todo ello, cuidemos y queramos a nuestros animales. Es imposible no hacerlo cuando mantenemos unos lazos tan estrechos con ellos y nos aportan tanto. Pero no nos confundamos o no dejemos que nos confundan. Ellos, en ningún caso, son nuestros hijos.

Miguel Sardinero

4 comentarios sobre “Queramos a nuestros perros y gatos pero ellos no son nuestros hijos

  • el 7 diciembre, 2018 a las 2:45 pm
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    No solo no son nuestros hijos, sino que carecen de derecho alguno. Si no tienes obligaciones no puedes tener derechos.
    Es inadmisible que la gente sace a los chuchos a defecar en las calles. Es el colmo de la caradura. Que lo hagan en su casa, en areneros o en la cama del dueño que a muchos seguros que les encantaría, tal es el grado de enfermedad alcanzado.

    Comunistas y Soristas están encantados con esa enfermedad. Asi nos olvidamos de procrear y nos olvidamos de luchar por nuestro futuro, por el progreso y la mejora de nuestras condiciones de vida.

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  • el 7 diciembre, 2018 a las 9:32 pm
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    Por “amor” a los animales a los animales, los mismos que no diferencian un pollo de uana avestrud, sacan una ley de obligado cumplimiento para que los animales de compañía sean esterilizados bajo multa de no se cuanto. Propongo una ley, tambien de obligado cumplimiento, para esterilizar a promoteres y afines de tal engendro para proteger a la humanidad de futuros necios de similares.

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    • el 12 diciembre, 2018 a las 11:23 am
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      Yo no permitiría perros en las ciudades a no ser que NINGUNO pueda defecar en las calles, so pena de confiscación inmediata del perro y este al matadero.

      Pero obligar a la esterilización excede a mi juicio todos los presupuestos de libertad humana Tengo derecho a tener un camada cuando me de la gana (1) no cuando digan esos que no distinguen los gatos de las avestruces.
      Y de acuerdo con Andrés en esterilizar a esos promotores de la ley.
      (1) Yo tengo derecho no el perro. Del perro lo único que debemos tener en cuenta es no torturarlo innecesariamente y la esterilización es un poco de tortura.

      Respuesta
  • el 12 diciembre, 2018 a las 12:12 pm
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    Yo no permitiría perros en las ciudades a no ser que NINGUNO pueda defecar en las calles, so pena de confiscación inmediata del perro y este al matadero.

    Pero obligar a la esterilización excede a mi juicio todos los presupuestos de libertad humana Tengo derecho a tener un camada cuando me de la gana (1) no cuando digan esos que no distinguen los gatos de las avestruces.
    Y de acuerdo con Andrés en esterilizar a esos promotores de la ley.
    (1) Yo tengo derecho no el perro. Del perro lo único que debemos tener en cuenta es no torturarlo innecesariamente y la esterilización es un poco de tortura.

    Respuesta

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