“Chalecos amarillos”: la Francia insurrecta

Los autóctonos de la “Francia profunda” se han vuelto contra quienes siempre los han tachado de “arcaicos” y “atrasados”; contra las élites políticas mundialistas e intelectuales buenistas globalizadores que les han recortado derechos sociales y rentas salariales a la vez que han auspiciado la entrega de barrios y pueblos enteros a africanos y musulmanes beneficiándoles de las ayudas sociales del Estado francés.

Las élites benefactoras de la globalización multicultural son las mismas que predican las “reformas y los ajustes” económicos que siempre se traducen en la espiral de impuestos y recortes de derechos que ha lanzando a los franceses a la calle.

La Francia profunda compuesta de agricultores, asalariados, pero también jubilados, funcionarios y jóvenes estudiantes, está harta de esas élites y de su presidente Emmanuel Macron, y es la que se visibiliza en el movimiento de los “chalecos amarillos”. Es la que en sus concentraciones corta carreteras y ocupa las principales arterias de las grandes ciudades, amenazando con llegar al Eliseo.

El movimiento comenzó a agitarse en las redes sociales, y pese a carecer de estructuración y líderes concretos cuenta ya con cientos de miles de franceses, mayormente de extracción social humilde y rural hartos de la depredación de los servicios públicos por inmigrantes, de la abusiva subida del impuesto a los carburantes que golpea inclementemente a pequeños autónomos, y hartos también de sentirse extraños en su propio país, abandonados a la incertidumbre sobre sus pensiones y salarios y a las inseguridades sociales de una Nación desdibujada a propósito de la mezcolanza “multirracial”.

El modelo social y de bienestar francés está en peligro, y las clases trabajadoras francesas ya se han organizado en una contestación social que aunque espontánea está golpeando en la médula de la popularidad al presidente francés Macron, el cual ya propaga con insistencia que es “la extrema derecha” la que está detrás de las “violentas concentraciones” de los chalecos amarillos.

Las últimas protestas contra Macron dejan más de 400 heridos. Francia está polarizada entre la pijoburguesia progre representativa de cierta clase media y alta acomodada que apoya a sus élites políticas tradicionales y a su establishment, y un pueblo llano que cada vez en mayor medida se está lanzando a la calle contra los dictados antisociales de la globalización y su testaferro Emmanuel Macron. El torrente de energía en la protesta que toman “los chalecos amarillos”, explica que militantes y simpatizantes del ultraizquierdista Melenchón y de la líder del partido “Agrupacion Nacional francesa”, Marine Le Pen, sean junto a organizaciones de jóvenes patriotas como Bastión Social, los protagonistas de este nuevo movimiento de descamisados en lucha contra el capitalismo y la globalización.

No hay una certidumbre sobre qué cauce y qué estructuración tomará un movimiento popular creciente en sus bases y en sus acciones. Pero sí existe hoy por hoy una certeza: la de que hay una Francia despierta e insumisa que se niega a morir arrastrada por los procesos de destrucción cultural y social a que lleva un Estado malversador cuya servidumbre a la globalización multicultural y financiera está arrastrando al hundimiento a miles de familias francesas.

J.M. Pérez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *