Gibraltar: historia de una afrenta permanente

Como consecuencia de la Guerra de Sucesión (1701-1713), en la cual el Archiduque Carlos de Austria defendía su derecho al trono de España frente a Felipe V de Borbón, el almirante inglés Rooke tomó Gibraltar el 4 de agosto de 1704, cuando la ciudad y guarnición gibraltareñas se rindieron ante el asedio de la fuerza coaligada angloholandesa. En un acto desprovisto de todo honor y legitimidad moral, los ingleses tomaron Gibraltar en nombre de la reina Ana de Inglaterra. Fue un acto de pura piratería, pues la plaza no fue tomada en nombre del Archiduque Carlos como hubiera correspondido, ni Inglaterra estaba en guerra contra España.

El Tratado de Utrecht de 1713 que puso fin a la guerra de Sucesión, sentando a Felipe de Borbón en el trono, estableció en su artículo 10 la ocupación inglesa del peñón, pero en ningún momento reconoce a los ingleses el derecho a la soberanía territorial, ni el dominio sobre el espacio aéreo ni la jurisdicción sobre las aguas territoriales. Los ingleses van a conculcar sistemáticamente este Tratado formando una cadena histórica de abusos que desde hace 300 años hasta ahora han convertido Gibraltar en una colonia británica de plena disposición para su metrópoli, erigida en las últimas décadas en feudo de evasores fiscales, inmigración ilegal, contrabando y un rosario continuado de amenazas a España que han terminado por arrebatar a los españoles cualquier ápice de voz o soberanía.

A lo largo de la historia española gobernantes de todo signo ideológico y condición política han reclamado la devolución a España de Gibraltar: Felipe V, Carlos III, los cuatro presidentes de la I Republica, Don Miguel Primo de Rivera e incluso gentes de izquierdas como la anarquista Federica Montseny, el líder socialista Luis Araquistain o el masón Manuel Azaña, presidente de la II Republica, que llegó a pretender trazar un plan desde el Ministerio de la Guerra para tomar el Estrecho.

Pero el mayor éxito político en la defensa de la soberanía española vino de la diplomacía del régimen franquista, que en el año 1965 logró que la ONU reconociese el carácter “colonial” del enclave y que, por tanto, y de acuerdo a las disposiciones internacionales sobre la descolonización de pueblos sometidos a dominio colonial, Gibraltar debería ser devuelto a España, de la misma forma, por cierto, que Hong Kong sería devuelto a China. Ante la negativa inglesa a cumplir con legalidad internacional, y como medida de presión, Franco cerró la famosa “verja” en 1969.

Tuvimos que esperar al periodo “democrático” actual para observar las mayores claudicaciones y cobardías ante la pérfida Albión. El socialista Felipe González, en lo que fue una épica bajada de pantalones destinada a pagar el que sería uno de los más vergonzantes peajes para entrar en la Unión Europea, abrió la verja en 1982. No menos vergonzante sería el patrioterismo barato de Aznar, que no dudando en apoyar guerras injustas y genocidas de los aliados Bush y Blair, nada hizo por reclamar ni exigir la soberanía española sobre Gibraltar y el fin de la ilegal e inmoral ocupación inglesa. Zapatero y Rajoy no se quedaron atrás en vileza y entreguismo, y durante sus mandatos permitieron a los ingleses amenazar impunemente a la guardia civil en nuestras aguas, emplear con total libertad el espacio aéreo e impedir faenar a nuestros pescadores.

El actual inquilino de la Moncloa, Pedro Sánchez, tras la conclusión del acuerdo sobre el “Brexit” que determinara las condiciones para la salida de Reino Unido de la Unión Europea, ha tenido los arrebatos de declarar en varias ocasiones que el mencionado acuerdo, en su apartado referido a la situación de Gibraltar, va a dar a España “voz y competencia sobre Gibraltar”. Lo cual es completamente falso. Con este acuerdo el estatus de Gibraltar no cambia; su sumisión a Inglaterra continúa, y con una letra tramposa y vacía no otorga a España ninguna competencia decisoria sobre Gibraltar, ni mucho menos se le devuelve su soberanía, que es lo que Pedro Sánchez parece querer decir ante los periodistas cada vez que en algunas de sus comparecencias nos asombra con su descarada capacidad para mentir groseramente.

China logró recuperar Hong Kong de las manos inglesas porque la amparaba la misma legalidad internacional que justifica la devolución de Gibraltar a la que se niega Inglaterra; lo que sucede es que “nuestro” presidente de Gobierno es un inmoral mentiroso compulsivo, un falso Doctor relacionado familiarmente con el negocio de la prostitución homosexual y un antipatriota de tal nivel que se ha lanzado a los actos de profanación más viles y revanchistas. De este sujeto, como de los que le precedieron en el cargo nada puede esperarse en defensa de España.

Con la clase política que nuestra Nación ha tenido y tiene desde que comenzó el actual periodo “democrático”, apátrida y filiada toda ella al liberalismo entusiásticamente anglosionista, Gibaltar puede seguir siendo inglés 300 o 400 años más.

J.M. Pérez

Un comentario sobre “Gibraltar: historia de una afrenta permanente

  • el 25 noviembre, 2018 a las 10:44 pm
    Permalink

    Largo me lo fiais, no le queda tanto al mundo, ni de lejos.

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *