Y llegamos a echarte de menos. Centenario del nacimiento de Blas Piñar -INCLUYE VÍDEO-

Tal día como hoy, hace justo cien años, nacía en Toledo Blas Piñar. Sería hacerle un flaco favor a la historia de nuestro país que los jóvenes españoles carezcan de una referencia independiente sobre la trayectoria de esta personalidad por un pasado que ya no es tan inmediato. Porque Blas Piñar ha sido objeto de un sinnúmero de ataques, insultos, inquinas y fuego graneado. Por otra parte, no siempre procedente de las trincheras de la izquierda o del separatismo, sino de lo que podría considerarse, guste o no, su entorno o aledaños.

Desde las filas del patriotismo más comprometido socialmente, rupturista o transgresor la figura de Blas Piñar fue siempre un objetivo a batir. Terminando por acuñarse el término “piñarista”, como sinónimo de lo ideológicamente reaccionario y del inmovilismo táctico. Sin embargo, con el paso de las décadas, quedando ya atrás el exceso de soberbia juvenil y cuando  los patriotas nos encontramos en la más paupérrima indigencia política, no somos pocos los que analizamos, de forma mucho más reposada y sin enconamientos partidistas o doctrinales, la figura de Blas Piñar.  

Su padre, Blas Piñar Arnedo, comandante de infantería, va a ser uno de los héroes  que resistan victoriosamente el asedio rojo al alcázar de Toledo.  Su madre, su hermana y él deberán huir de la ciudad imperial y buscar refugio en la capital. Madrid, en la que la represión republicana ha desatado  una orgía de sangre y ejecuciones, tampoco es lugar seguro. Buscarán asilo en varias embajadas, de las que tienen que escapar al ser asaltadas por las milicias de izquierdas. 

Llegada la victoria y la paz, va a militar en distintas organizaciones católicas. Posteriormente, se doctora en Derecho y alcanza la plaza de notario por oposición directa. Ocupa distintos cargos y dignidades, siendo  Consejero Nacional del Movimiento, por designación del Caudillo, y, desde 1958, procurador a Cortes. 

Junto a Franco: una fidelidad llevada hasta las últimas consecuencias



El declinar físico de Francisco Franco hace que intramuros del Estado del 18 de julio, pero fuera del ya esclerótico y casi desmantelado Movimiento, las diversas tendencias políticas existentes en su seno muevan ficha. En este sentido, desde finales de los años sesenta, Blas Piñar va a aglutinar, entorno a la revista “Fuerza Nueva”, a quienes  se proponen  el imposible -visto desde la perspectiva histórica actual- de mantener un franquismo sin Franco. 

En una brillante intervención, Blas Piñar defenderá en las Cortes Españolas, en noviembre de 1976, el voto negativo a la Ley de Reforma Política. Última de las denominadas Leyes Fundamentales y cuya aprobación habilitará la legalización del Partido Comunista,  la amnistía a los etarras y  la implantación en España del sistema autonómico y de la partidocracia. Se enfrenta en el debate a Miguel Primo de Rivera, sobrino del fundador de Falange, el cual insta a los procuradores a aprobar la ley. Lo que  fue denominado, histórica y periodísticamente, como “hara-kiri”.  Es decir, demoler el Estado desde dentro y entregar la victoria nacional a los enemigos seculares de España. Por ello, podrán hacerse reproches a Blas Piñar pero jamás el de no haber sido un hombre fiel a sus principios e ideales. Es uno de los 59 procuradores que votan contra la citada ley y que, en medio de aquel frenesí de oportunismo y de “sálvese quien pueda”, van a aportar dignidad y honor a los tres días de sesiones. 

Llega la Transición y Fuerza Nueva se transforma en un partido político. La formación se declara heredera del 18 de julio y del Alzamiento Nacional. La fuerte componente  de catolicismo político de la que Blas Piñar imbuye a su partido lo alejan del neofascismo, del fascismo o de su interpretación española, el nacionalsindicalismo. Pese a que Fuerza Nueva reivindica los logros sociales que durante el franquismo son impulsados por ministros falangistas y, para enojo de éstos, utiliza buena parte de la simbología de los seguidores de José Antonio. En la línea de José Calvo Sotelo, Antonio Goicoechea, Víctor Pradera o Manuel Fal Conde, podría llegar a considerarse a Blas Piñar como la última gran figura del catolicismo políticamente militante y del tradicionalismo español.

En esos convulsos años, la retórica inflamada de Blas Piñar logrará reunir a centenares de miles de personas, que abarrotarán plazas y cosos taurinos, para escucharle. Y, en las elecciones de 1979, Unión Nacional -coalición formada por Fuerza Nueva, Falange Española de las JONS, los Círculos José Antonio y la Comunión Tradicionalista- lo llevará al Congreso de los Diputados.

16 de noviembre de 1976: traidores contra leales en las Cortes Españolas

Tras el autogolpe juancarlista del 23-F y la victoria electoral de PSOE, las denominadas fuerzas nacionales comienzan a desinflarse. La posibilidad de que el Ejército ponga fin al caos que vive el país se desvanece. Buena parte del mensaje político nacional había instado a un nuevo alzamiento y hecho albergar grandes esperanzas en los generales que combatieron, durante la Guerra Civil, a las órdenes de Franco. Era aquella la época de los gritos y consignas, en actos y manifestaciones, de “¡Ejército al poder!” La idea no era tan descabellada y parecía factible. Una ofensiva redoblada del terrorismo etarra o una alteración en el equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo -recordemos que nos encontramos en el punto álgido de la Guerra Fría- podían haber inclinado la balanza hacia un verdadero golpe de Estado. Argentina estaba en manos de una junta militar y Pinochet había evitado que Chile se convirtiera en un régimen prosoviético en el cono sur. La CIA no estaba dispuesta a que el flanco meridional de la OTAN cayese del lado comunista. Y, en nuestro entorno europeo, la posibilidad de un resurgir “negro” en Italia no era descartable. Sin embargo, los senderos de la historia reservaban para España un escenario distinto. Si existía alguna remotísima posibilidad de una vuelta atrás, la caída del comunismo puso punto y final para siempre a una hipotética vía, de la mano de los militares, hacia el  poder.

En esos años, la segunda mitad de los ochenta, Blas Piñar, que había disuelto Fuerza Nueva en 1982, vuelve a la arena política. Con el apoyo de Jean Marie Le Pen crea el Frente Nacional. Pero a Blas Piñar y a su Frente Nacional se les cruza en el camino un personaje de perfiles casi bufonescos, hablamos de José María Ruiz-Mateos. Serán la Agrupación Ruiz-Mateos y el controvertido empresario los que, de forma inexplicable, reciban parte del voto descontento y  eviten, en dos ocasiones, que  Blas Piñar alcance el Parlamento Europeo.

Quedaba poca voz pero seguía habiendo corazón: una de sus últimas intervenciones en la plaza de Oriente

Pone punto y final al Frente Nacional en 1994. Sin embargo, seguirá apoyando proyectos políticos de corte patriota y participará, hasta el final de sus días, en diversos actos. Como una mala jugada del destino, un tumor en la garganta estuvo a punto de privarle de la voz en los últimos años de su vida. Siendo ya un nonagenario, sacando fuerzas de flaqueza y luchando contra el desgaste de su muy avanzada edad, seguía alertando a sus compatriotas de los acechantes peligros que se cernían sobre España y que hoy amenazan con romperla. Fallecía, el 28 de enero de 2014, a los 95 años.

A lo largo de muchos años, Blas Piñar se dejó su verbo vibrante, de estilo incisivo y lacerante, y su voz férrea por las tierras de España. Otros, sin embargo, no tuvieron el valor de decir, ni tan siquiera en voz baja, lo que este hombre proclamó, alto y claro, a los cuatro vientos. 

Miguel Sardinero

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