Alemania sacudida por cientos de “casos aislados” de violencia sexual inmigrante

Desde que la canciller alemana Merkel abriera el país a dos millones de inmigrantes procedentes de África y Oriente Medio, camuflados como “refugiados”, Alemania vive asolada por una espiral dramática de violencia sexual.

El Gobierno sufre una protesta social cada vez más frecuente contra su política de puertas abiertas a la inmigración, que incluye manifestaciones multitudinarias. En algunos territorios, las autoridades alemanas han llegado a distribuir manuales “pedagógicos” para concienciar a los inmigrantes en que la agresión sexual no es correcta ni legal.

En julio, 24 mujeres fueron agredidas en Bremen. Otras mujeres han sido agredidas en festivales al aire libre en Ascheim, Balve, Gerolzhofen, Grenzach-Whylen, Heide, Lossburg, Lütjenburg, Meschede, Poing, Reutlingen, Sinsheim, Wolfhagen y Wolfratshausen.

En julio, también fueron agredidas diversas mujeres y niñas en piscinas públicas en Babenhausen, Dachau, Delbrück, Hamm, Hilchenbach, Kirchheim, Lörrach, Marklohe, Mönchengladbach, Mörfelden-Walldorf, Oberursel, Remagen, Rinteln, Schwetzingen y Stuttgart-Vaihingen.

Las autoridades alemanas quitaron importancia, o directamente silenciaron las agresiones, para “evitar estimular el sentimiento antiinmigración”. Continuamente se los califica como “casos aislados”, como si no fuesen parte de un acuciante drama nacional y social. La prensa, sumisa a la élite política, sólo se hace eco de las agresiones sexuales más sonadas empleando el habitual sesgo informativo.

J.M. Pérez

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