John Fitzgerald Sánchez

En ocasiones es difícil identificar a un loco. Pero, al final, el desequilibrio metal se evidencia de tal forma que resulta incontestable. Es el caso de Pedro Sánchez, ese tarado megalómano que gobierna España. Porque, según nuestro presidente, por muy poco no ha seguido  los pasos de JFK. Sí, los del presidente estadounidense Kennedy. Asesinado en Dallas, aquel 22  de noviembre de 1963, por Lee Harvey Oswald. 

Mucho más guapo que Kennedy, nuestro Sánchez ha estado apunto de quedar bajo el punto de mira de un temible francotirador. Entrenado por los servicios secretos en los últimos años del franquismo, su misión era liquidar a quien perturbase el eterno descanso del Caudillo. Este peligrosísimo lobo solitario, esta auténtica célula durmiente, ha querido privar a España de su mandatario más apuesto desde Felipe I “el Hermoso”. ¡Qué ignominia!

Pero como Sánchez está mal de la azotea pero no es tonto, la temible operación franquista fue abortada. ¡Lastima! El “cum laude” no quería terminar con el cráneo abierto de par en par, como su homólogo norteamericano. Podría haber sido víctima del intento de magnicidio al ser entronizado en una carroza del Orgullo Gay, vamos a poner el caso. Él, nuestro presidente, que ya se veía herido y acribillado, por unos temibles perdigones de copa o por unas bolitas de airsoft, convaleciente pero sexy, como el agente 007. 

Francisco Alonso 

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