Raciones de democracia: Si no querías caldo toma dos tazas (I)

Conspiranoicos, oscurantistas o friquis. Estos son algunos de los calificativos con los que se nos ha obsequiado a aquellos que, desde hace un siglo, venimos advirtiendo que la democracia, en su versión parlamentaria y liberal, no es otra cosa que una mascarada del poder económico.

La última del Tribunal Supremo es de traca. En la España de Pedro Sánchez también pasan estas cosas. Sí, en este país en el que Pablo Iglesias se arrastra, como puta por rastrojo, por las cárceles y agujeros separatistas buscando desesperadamente apoyos para los Presupuestos Generales del Estado. Ahora “que gobiernan los de abajo”, señor Iglesias, llegan los magistrados del Supremo para dejar meridianamente claro que en la democracia quien manda de verdad es el dinero. Porque en la democracia dicen que hay separación de poderes. Sin embargo, ni el Legislativo, ni el Ejecutivo, ni el Judicial se han despegado nunca de su sumisión a los designios de las elites económicas.

Lo más paradójico del caso es que el Gobierno socialista respira aliviado. Sí, esos de “somos la izquierda” y filias necrófilas. Señora Montero -ministra de Hacienda- y demás miembros del Ejecutivo, pueden dormir tranquilos porque su retiro dorado ya no peligra. Cuando terminen con España las puertas de los consejos de administración de las entidades financieras seguirán abiertas para ustedes.

Miguel Sardinero

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