La despechada, el maricón y la censura bumerán

Los progres del país tampoco están exonerados de los autos de fe del lobby  gay y del feminismo más recalcitrante.  Ni las jocosas conversaciones privadas de sobremesa en un restaurante, cargada de copas y viajes al baño para empolvarse la nariz, se escapan de la moralina del Gran Hermano de la modernidad.  

Dolores Delgado queda al borde de la defenestración por, al parecer, llamar al actual ministro del interior, Fernando Grande-Marlaska, “maricón”.  Que la actual titular de Justicia realizase, en el año 2009, este comentario, en el ámbito estrictamente privado, sobre Marlaska es algo que debería ser de lo más normal. Pero la censura impuesta,  respecto a determinados temas, a toda la sociedad es un bumerán. Se promueve desde el Ejecutivo, la aprueba el Legislativo y vela por su cumplimiento el Judicial. Cuando uno menos se lo espera salen a la luz unas conversaciones grabadas y hasta la más fervorosa gay “friendly” o el más descastado de los feministas ibéricos quedan en evidencia homófoba  y machista-heteropatriarcal.   

Aunque deseo las siete plagas de Egipto al Gobierno Sánchez no seré yo, en este caso, quien haga leña del árbol caído. Veo a Dolores Delgado como  una mujer triunfadora profesionalmente, madre de dos  hijos y que físicamente resiste bien el  paso del  tiempo. Entiendo que la aún ministra, como mujer, esté despechada con el derroche y apología de tanta pluma, trucha y aceite. 

Sobre ello se quejaba amargamente la, por entonces, magistrada de la Audiencia Nacional en la mencionada comida: “A mí me pasa lo mismo, a mí los tíos me gustan igual, tontitos nada. (…) Ha venido un tío a la Audiencia monísimo, para que lo vamos a negar, parece George Clooney, pero le pasa lo mismo, es una nenaza”.

Ahora toca apechugar, Dª Dolores. Esta es la sociedad libre e igualitaria que habéis creado donde no existe ni un recoveco para la intimidad y para la libertad de expresión. En la que, muy pronto, serán los hijos los que denunciarán a los padres por hechos tan comunes como llamar a alguien, en el ámbito  privado, maricón.

Francisco  Alonso

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