Cabalgando hacia la eternidad

La barbarie más execrable se había cebado con los soldados españoles en el Rif. Las cabilas al mando de Abd el Krim habían masacrado a un entero ejército europeo en una trágica retirada, un ejército con una planificación logística desastrosa, donde el más mínimo atisbo de estrategia brillaba por su ausencia; sin mandos dignos de tal nombre – la cúpula militar en Melilla no reaccionaba ante las atrocidades en curso–, y con contados oficiales dando testimonio de un heroísmo más allá de lo razonable.

A las cinco de la madrugada de un abrasador amanecer de julio del año 1921, todos supieron que iban a la muerte. El capitan Iriarte seria el portavoz de tan amargo trago. Todos se cuadraron ante la orden.

Eran los más brillantes en medio de tanta mediocridad, eran 700 uniformes llenos de honor y dignidad, eran el Regimiento de caballería de Alcántara.

Si había algo que caracterizaba a esta unidad llena de héroes de otras unidades del ejército, era que entre mando y tropa había un tratamiento de iguales, más allá de una instrucción excelente. Los galones se dejaban para las ocasiones formales; el respeto de los oficiales hacia la tropa y viceversa, rozaba la comunión. No existía ese temor reverencial al superior si no la mística de unión entre pares.

Cuando se iniciaron las acciones de apoyo al sitiado General Silvestre, todos sabían a lo que iban e intuían perfectamente que no volverían. De los setecientos hombres que componían la unidad, solo regresarían setenta hombres vivos.

Se sabe que todos ellos murieron en formación cerrada con los caballos cuerpo a tierra, y así, que aquellos dignísimos soldados entraron con la horda en un cuerpo a cuerpo tremendo y desigual. Sable en mano y con la munición agotada, es fácil de imaginar como fueron aquellos últimos momentos.

Cerca de noventa años hicieron falta para que al Regimiento Alcántara se le concediera la más alta distinción del ejército español, la laureada colectiva de San Fernando.

Otra película que el cine español no ha tenido huevos de rodar, porque para huevos los del Regimiento Alcántara.

J. Garrido

2 comentarios en “Cabalgando hacia la eternidad

  • el 24 julio, 2018 a las 12:46 pm
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    Si la democracia llego a España, no fue precisamente gracias a los maquis. Franco murío tranquilamente en la cama de uno de los hospitales que construyó.

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    • el 24 julio, 2018 a las 12:51 pm
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      me equivoque de noticia perdon

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