De niños trans y camisetas

Errejón cuenta, emocionado, cómo un grupo de chavales se ha levantado contra la injusticia en una piscina de Álava. Dicho así da para peli de Disney, pero la realidad, como siempre, se parece más a un episodio de Los Simpson.

El suceso del que habla el Milhouse de Pozuelo tiene lugar en la piscina de un campamento rock adolescente… Ya la historia empieza como un musical Disney, pero luego pega un giro argumental inesperado.

El caso es que en la piscina pasaban la mañana unos 60 muchachos, muchachas y muchaches de 16 años. Entre la chavalería, una chica que ahora ha decidido que es un chico, se mete en el agua con la camiseta puesta, con el consiguiente toque de atención por parte del socorrista, ya que la normativa de higiene y seguridad de cualquier piscina pública prohíbe taxativamente bañarse con ropa de calle. Pues ya la tenemos liada.

Resulta que la chica que no quiere ser chica se siente oprimida y víctima ante semejante atropello, ya que todavía está empezando su “transformación” en chico, y si se quita la camiseta quedará en evidencia su “género” biológico.

Es de suponer que el socorrista, el malvado tránsfobo de nuestra película, intentó aclarar que la norma no se estableció para oprimir transexuales en tránsito, sino por higiene, seguridad y sentido común. Pero ya era tarde, porque la muchachada, arrastrada por un desbocado ímpetu revolucionario, se lanzó en pleno a la piscina. Los 60. Vestidos, claro.

 

 

¿Que por qué ha trascendido este episodio de locura adolescente? Pues porque la consiguiente asociación pro derechos de los transexuales de la región ha puesto el grito en el cielo, porque madre mía qué ultraje al colectivo transexual, qué brutal agresión por parte del socorrista, qué ataque a los derechos humanos y qué fatal todo.

Y todo el mundo aplaudiendo a los chiquillos y exigiendo abolir la normativa de seguridad e higiene en la piscina por tránsfoba y fascista. Claro que sí.

Porque nadie se plantea que aquí, de toda la vida, el que está gordo o flaco, o tiene cicatrices o algún tipo de complejo ha vivido bajo estas mismas normas y a nadie le ha pasado nada porque sencillamente no tiene importancia. Que de todo hay que hacer un drama.

Que esta gente que siempre se declara víctima de algo se pasa la vida exigiendo ser tratados con normalidad, pero a la hora de la verdad quieren ser excepciones a todas las normas. Porque son muy especiales y están por encima de las normas de convivencia, de la lógica, de la biología y de las leyes de la naturaleza. Y que nadie se atreva a insinuar que, a día de hoy, un hombre no puede convertirse en mujer o viceversa. Que sólo se puede aparentar. O que es absurdo obligar por ley a toda la ciudadanía a seguir la corriente a quienes dicen ser lo que biológicamente no pueden ser, porque eso no cambia la realidad.

Y es gracioso porque nada de esto habría ocurrido si la criatura o criaturo o criature de la piscina hubiera ido con una camiseta de natación, que las hay por 4€. Y por lo menos le habrían ahorrado el papelón al pobre socorrista, que es el único personaje coherente de esta historia.

Ana Pavón

Un comentario sobre “De niños trans y camisetas

  • el 15 julio, 2018 a las 4:08 pm
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    País de imbéciles. Esto se va a pique, y está bien que así sea, y cuanto antes mejor. Mientras tanto que Dios nos preserve de la plaga de estulticia.

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