La izquierda nunca ha estado sobrada de valor

Los vejestorios que hoy nos narran sus batallitas y carreras delante de “los grises” mienten más que hablan. Bien pocos de ellos se enfrentaron a la Policía Armada. Y los que lo hicieron, en la abrumadora mayoría de los casos, eran niños de papá o hijos de prebostes y mandamases del régimen de Franco. Vamos, que tantos dicen haber corrido delante de la policía franquista, que aquellas algaradas deberían haberse parecido al multitudinario maratón de Nueva York o a la San Silvestre vallecana.

Porque lo de la izquierda es más del abuso, como sacar de casa a viejos y adolescentes para reventar sus cabezas a culatazos o matar curas y monjas.

El terrorismo tampoco se les ha dado mal. Los que tenemos ya una edad aún recordamos las patéticas manifestaciones antifascistas y oír gritar “ETA, mátalos” o “mis primos de Bilbao os tienen acojonaos”. La chusmilla que lo berreaba, hoy metida en Podemos, daba risa.

Luego está la profanación, otra de sus especialidades. Profanación chusca y humillante. Quemar iglesias y conventos, sacar cadáveres de sus tumbas. Algo de lo que, además de los planes actuales de Pedro Sánchez, quedan testimonios. A día de hoy, este tipo de irreverencias y falta de respeto nos llevan a escenarios de pesadilla, como los dominios del Estado Islámico.

Porque de valor, ya lo hemos dicho, poquito. La monserga de los abuelos cebolleta progresistas de “haber traído la democracia” es más falsa que Judas. Si hubiese sido por sus méritos, la bandera con el águila de San Juan seguiría hondeando en todos los ayuntamientos, ministerios y cuarteles. No, no tuvieron valor para echar a Franco.

Francisco Alonso

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