Aserrín, aserrán

Algo de magia tiene que tener esta noche para que, en toda Europa, la celebremos de forma especial desde hace 5000 años.

Nuestros antepasados se dieron cuenta de que el Sol perdía energía a partir de esta noche y parecían encender hogueras para darle fuerza. Para que todo lo malo ardiera aquella noche. Para agradecer al Sol las cosechas y pedirle fertilidad en campos y en familias.

Los druidas purificaban al ganado ante aquel fuego sagrado. Y las leyendas cuentan que esa noche se habría una puerta mística que liberaba hadas y otras criaturas mágicas para celebrar el Solsticio con nosotros.

El fuego ardió en honor a Apolo y Minerva. Y aún hoy arde celebrando el cumpleaños de san Juan. La fiesta que une agua, amor y fuego. 5000 años después, seguimos saltando la hoguera y entrando en el agua. Seguimos quemando todo lo malo en el fuego purificador.

En una época en que la sociedad europea parece esforzarse en olvidar sus tradiciones, su identidad y su historia, la noche más corta sigue siendo mágica. Como si lleváramos grabada esta fiesta en nuestro ADN.

El espíritu europeo parece querer renacer en esta hoguera, como un Fénix, en la noche de san Juan.

 

Ana Pavón

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