A mí no me dan pena

Pena ninguna. Los inmigrantes del Aquarius no me conmueven. Pero sí me dan pena las personas arrasadas en cualquier ciudad europea por una furgoneta yihadista. O esas que caen acribilladas a balazos por inmigrantes, hijos de inmigrantes o nietos de inmigrantes. Por no olvidarnos de las que son decapitadas en pleno corazón de Europa o salvajemente apuñaladas hasta la muerte, por individuos que llegaron a nuestra tierra con una condición análoga a la de los inmigrantes del Aquarius.

Me dan mucha pena, muchísima, los vecinos españoles de Lavapiés, en Madrid. Me consterna ver a los manteros senegaleses saltar sobre los coches y destrozarlos, incendiar contenedores en el barrio, imponer su ley, habilitar narcopisos a la vista de los agentes de policía. Mientras, nuestros compatriotas sufren en silencio y en el interior de sus hogares este tipo de muestras del enriquecimiento multicultural.

En definitiva, me dan pena los españoles y otros autóctonos europeos. Qué pena me da ver los servicios sociales y la asistencia social monopolizadas por inmigrantes. Se me caen las lágrimas al ver las condiciones en las que nuestra gente ha de acceder al mercado laboral, entre otros motivos, gracias a la inmigración. Quedo desolado por los salarios de los trabajadores españoles en su competición, a la baja, con los trabajadores inmigrantes.

No voy a llorar por la emisión de las imágenes de los inmigrantes del Aquarius con una lastimera melodía africana que, entre otras cosas, no sé ni lo que dice. Porque los inmigrantes del Aquarius no fueron rescatados en alta mar, sino embarcados en cualquier puerto libio. Es del todo inaceptable dejar ahogarse a alguien en el mar. Se debe rescatar y devolver a su puerto de origen. Pero, repito, ese no es el caso del Aquarius. Es más, algunos de los inmigrantes ya se quejan de su destino: España. Queda claro que las oenegés se han convertido en agencias de inmigración casi a la carta.

¿Ayudar? Sí, por qué no. Ayudemos en origen no derrocando gobiernos legítimos, poniendo punto y final a determinados conflictos y situaciones sangrantes. Para Europa no sería muy difícil. Otra cosa es que no exista voluntad política para ello. Porque entonces el negocio de la inmigración dejaría de ser negocio.

Francisco Alonso

Un comentario en “A mí no me dan pena

  • el 15 junio, 2018 a las 3:21 pm
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    Esta gente se ha gastado miles de dolares en pagar a una mafia para para que les ayude a cruzar el desierto y luego les meta en un barco con destino a Europa donde a pocos kilometros de la costa libia los barcos de las ONGs los recogen. Nadie les ha secuestrado, no les han metido ahi a la fuerza.

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