El Gobierno de Sánchez pierde la virginidad

Duró poco más que una mariposa fuera de su capullo. Pero, al final, el glamuroso ministro de Cultura y Deporte, Mâxim Huerta, se vio obligado a dimitir. El ya exministro es una persona sumamente comprometida con todo tipo de causas: refugiados, antirracismo, etc. Pero, visto el agujero con Hacienda, le importa un pimiento que algunos niños españoles tengan sus clases en barracones de obra y no en unas aulas decentes. Otro paradigma más de los progres y de la izquierda en España.

A Huerta le han chafado el orgullo. Él, que ya se veía como el “selfie” de la cabalgata arcoíris más solicitado de la historia. Que iba a coronar a su jefe, Pedro Sánchez, como reinona del Gobierno de la diversidad. Hechas ya las reservas de los restaurantes más exclusivos de Madrid, porque las ganancias anuales de este socialista se cuantifican en centenares de miles de euros. Pues bien, todo a la mierda.

Al parecer, Sánchez quería salvar al presentador rosa. Que, al fin y al cabo, esto es España y para qué dimitir. Lo que no podrá salvar ya es ese aura de inmaculada honradez que se presumía a su Gobierno. Menos de dos semanas han sido suficientes para poner a la clase política del país en su habitual lugar.

Carlos Diaz

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