El editorial: “Defendamos Europa”

Nuestros derechos sociales y laborales, nuestra seguridad, el futuro de nuestros hijos y nuestra supervivencia como grupo humano pasan por frenar radicalmente a la inmigración masiva. Y el primer acto de defensa de Europa está en no doblegarse ni someterse a la dictadura de la corrección social biempensante. Nadie dice que sea fácil. Como tampoco lo es mantener la libertad contra los que, desde los resortes del poder político y financiero, quieren cargarnos de cadenas y liquidar nuestra existencia.

Que no te callen, lector. En las redes sociales, en el trabajo, en tu lugar de estudios, entre los amigos o con la familia, no claudiques. Dí lo que piensas y sé libre. Sin ningún tipo de rubor. No tienes que ofrecer escusa alguna. Las cosas hay que decirlas claras y con rotundidad. Porque así dichas, y no entre tímidos balbuceos vergonzantes, son doblemente convincentes. Estás en tu derecho. Te van a censurar o pueden denunciarte. Ya se ha dicho que nunca fue fácil ser libre. Pero, en ningún caso, individuos como El Gran Wyoming, Manuela Carmena, Ana Rosa Quintana, Ada Colau o Susana Griso tienen autoridad moral alguna sobre ti.

Además, ¿qué argumentos tienen los que quieren anegar Europa con la inmigración? Pocos y fofos. Te dirán que “los españoles también fuimos inmigrantes”, que “hay que ser solidarios”, que “la inmigración nos enriquece”, que “todos somos seres humanos” o que “los inmigrantes vienen a pagarnos las pensiones”. Cuando les respondas, iracundos y sin razones, te van a llamar “nazi”, “racista”, “fascista”. ¿Y qué? No tengas miedo a las palabras policía, amigo lector.

Porque tú les habrás explicado que con la inmigración masiva llegó a Europa un fenómeno terrorista como nunca conocimos, que a mayor número de inmigrantes más bajos son los salarios y más se encarece la vivienda. Datos objetivos, lector, y no alegatos buenistas. Los inmigrantes no vienen a pagar pensiones, sino a cobrarlas. Los inmigrantes gastan más de lo que aportan al coste social. Inmigración y demolición del Estado social son dos fenómenos que van de la mano

¿Son todos los inmigrantes terroristas? No. ¿Son todos los inmigrantes malas personas? En la mayoría de los casos, no. ¿Quieren perjudicar nuestros salarios de forma intencionada? A pesar de la poca solidaridad y del egoísmo que demuestran trabajando más horas por menos dinero, tampoco es factible. Podemos concluir entonces que, aunque la mayoría de inmigrantes no son malos ni seres perversos, la inmigración masiva, venga de donde venga, es negativa en sí misma. Y para frenarla no hay que atacar a los inmigrantes, sino que hay que combatir políticamente a todos aquellos que les abren las puertas.

Merkel, Soros, oenegés y, ahora también, Pedro Sánchez. Conservadores, socialdemócratas, magnates y convidados, en comandita, para destruir Europa en beneficio de los poderes económicos. A ellos es a los que hay que señalar. Ni un euro para las oenegés inmigracionistas y ni un voto para quienes quieren abrir las puertas de Europa a la inmigración masiva y descontrolada.

 

Redacción

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