El abrazo de la conveniencia

Gustavo Morales

El presidente Trump necesitaba una victoria diplomática, tras la ruptura de las buenas relaciones con el líder ruso, Vladimir Putin y el abandono de los Acuerdos de Viena con Irán. Seguía los pasos de otro presidente republicano, Richard Nixon, que asombró al mundo viajando a la China de Mao. Ahora, Singapur ha sido testigo del encuentro de los dos sátrapas. Con la foto vale aunque Japón desconfíe.

Kim Jong-un, tercer vástago de una monarquía comunista, la última estalinista de la Tierra, necesita evitar que se repitan casos como el de 1998, cuando el país sufrió una hambruna que resultó en la muerte de 220.000 personas en cifras oficiales o tres millones de personas según las clásicas ONG. Corea del Norte enfrenta largas sequías pero sigue la política “militar-primero”. Su padrino Pekín ha reducido sus compras de carbón coreano que servían a las autoridades de Pyonyang para adquirir arroz chino y alimentar a sus 25 millones de habitantes, el 40% de los cuales son militares, milicias o reservas. Corea del Norte se enfrenta al hambre.

Todo esto no viene de ahora. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó, el año pasado, nuevas sanciones contra Corea del Norte por sus pruebas de misiles balísticos y violaciones a resoluciones de la ONU previas. Con 15 votos a favor y ninguno en contra, el castigo fue aprobado. Entre los votantes a favor de las sanciones estaban Rusia y China.

Con ello, Washington aísla más a Teherán. Recientemente, los israelíes destruyeron una instalación iraní en Siria que producía misiles balísticos M600, una versión local del misil iraní Fateh 110, basado en modelos norcoreanos. Hay otra planta similar cerca de Hama, donde científicos norcoreanos asesoraron a los iraníes. Los persas se van quedando solos y descangayados.

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