Un mes sin Ursula Haverbeck

Se cumple un mes -concretamente, el pasado jueves- del arresto y encarcelamiento de Ursula Haverbeck. De la indignación inicial pronto se pasa al olvido. Un acto imperdonable. Todas las personas comprometidas con la libertad de expresión y el futuro de Europa no podemos, ni por un único momento, obviar que una anciana de 89 años está encerrada en una prisión por expresar, de forma pacífica, sus opiniones sobre unos hechos históricos determinados.

La vergüenza y la ignominia deben caer sobre aquellos que han encarcelado a Ursula Haverbeck. Y, algún día, puede que la condena para aquellos que, desde los medios de comunicación, se han mofado de la «abuela nazi» sea algo más concreto y punitivo que moral.

Para ello hay un camino y es muy simple: ser tan fuertes como Ursula Haverbeck.

Carlos Díaz

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