Europa empieza cuestionarse la inmigración

Controlar seriamente la inmigración es una necesaria medida que va desplazándose hacia un sector más hacia el centro del espectro político. Comienza a dejar de ser patrimonio de fuerzas políticas alternativas o alejadas de las opciones de Gobierno, para instalarse en en ministerios y grupos parlamentarios muy numerosos. No es nada raro, lo raro es que no haya sucedido antes. Porque controlar la inmigración es una cuestión de sentido común.

Otra cosa son los resultados que estas fuerzas políticas y Ejecutivos van a obtener o si, finalmente, los mercados abrirán las puertas a la inmigración a la fuerza. Por otra parte, queda por ver hasta dónde creen en sus posturas algunos de estos políticos beligerantes con el caos migratorio merkeliano o si, por el contrario, todo obedece a un oportunismo político electoralista.

Porque, y esto es lo realmente interesante, pese a las series de Netflix, a Vice, Soros y todo el aparato propagandístico del multiculturalismo hay europeos, y se cuentan por millones, que dicen «no» a la inmigración. Si esta tendencia alcista -capitalizada hoy en día por, entre otros, Salvini- logra frenar o repatriar, aunque solamente sea, a unos centenares de miles de inmigrantes, el logro debe ser aplaudido. Europa se juega su ser o no ser y es tiempo de poner diques a la marea que llega desde el Mediterráneo.

Franciso Alonso

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