Cañamero y su camiseta de borracho

Diego Cañamero parecía estar ayer celebrando la victoria de la República en la Guerra Civil. ¡Ah, no! Si la perdieron. Porque calificar el espectáculo del comunista, ayer en el Congreso de los Diputados, es de una difícil tarea.

Parecía Cañamero un borracho de esos que salen el domingo en chándal y zapatos, palillo en la boca, a graznar algo en cualquier debate de tasca. La camiseta de Cañamero era el paradigma de la cutrez intrínseca al rojerío más castizo. Una camiseta lamentable, que parecía de esas que los amigos del novio se ponen en una despedida de soltero. Sí, la típica camiseta que a los dos lavados amenaza con desintegrarse y a la que se le caen las letras. Aunque va a ser difícil que la prenda pruebe el líquido elemento. Más bien será condecorada con lamparones de vinacho, recerco amarillento en sobaqueras y cuello y una buena capita de caspa sobre los hombros.

Junto al puño en alto, la bandera roja y la Internacional, la camiseta de Cañamero ha pasado a ser un nuevo símbolo para la izquierda en nuestro país.

Carlos Díaz

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