Al pan, pan y al rojo, ¡pum!

Está claro que la respuesta al asedio que España está sufriendo no ha encontrado, en sede parlamentaria, un oponente efectivo. Generaciones de españoles han votado durante décadas al PP -años antes, Alianza Popular- para «que no gobierne la izquierda». Sin embargo, con mucha más pena que gloria, el PP capituló ante Sánchez. De esta forma, Rajoy transfirió sumisamente el Gobierno a la izquierda, incluida la radical, y a los separatistas.

¡Y mucho cuidado con esta izquierda! Porque este PSOE no es el de Felipe González, Guerra, Ibarra o Bono. No es un partido socialdemócrata dispuesto a pasar página. Aquel PSOE fue desmantelado por José Luis Rodríguez Zapatero, el de la Ley de Memoria Histórica y el «Estatut». Además, la crisis económica, la precariedad y el precariado han propiciado el desplome europeo de la socialdemocracia y el auge de una izquierda radical, que hace del feminismo y el multiculturalismo sus principales bazas políticas. En el caso de nuestro país, el PSOE se encuentra hipotecado a Unidos Podemos.

Por eso, llegan días de plantar cara a la izquierda y a su actual jolgorio triunfalista. Porque la izquierda, encaramada en las instituciones, es un elemento nocivo para España. Y esto es así porque la izquierda en nuestro país es netamente antiespañola. La respuesta política radical que Sánchez, Iglesias y los separatistas se merecen no puede demorarse ni un minuto más. En cualquier foro, ambiente o medio debe ponerse punto y final a esa pretendida autoridad moral, social e intelectual de la izquierda. Ninguna congoja, ningún complejo, ningún rubor a llamar a esta gente por su nombre o a que, mediante sus consabidos y manoseados descalificativos de siempre, intenten acallar a quienes nuestro partido es España y nuestra adscripción política no es otra que la española.

Francisco Alonso

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