Rajoy nos entrega a rojos y separatas

Es difícil, desde una perspectiva mínimamente comprometida con el futuro de España, encontrar una explicación a la lamentable actuación de Mariano Rajoy en la moción de censura. No se tiene constancia de que Rajoy sea un hombre de mucho beber. Pero todo parece indicar que alguna copa ingerida ayer, en el reservado del selecto restaurante erigido en cuartel general marianista, le cayó mal.

Porque Rajoy estaba muy lejos de la primera línea y del cuerpo a cuerpo en el Congreso. Entre canapés, refrescos y bebidas bajó los brazos, muy antes de tiempo, para recibir -por parte de socialistas, podemitas e independentistas varios- una somanta de hostias. Mariano Rajoy y el Partido Popular entregaron la plaza cuando aún había mucha munición y pólvora que quemar. Únicamente debería haber dimitido.

Pero no. Este hombre nos ha vendido. Ha dejado el país en manos de la caterva antiespañola. A los pies de rojos y separatas. Rojos, sí. Les llamo de esta forma, por su nombre, que ya está bien de tanto eufemismos y tanta corrección. Y separatas, de separatista. Ahora, a toda esta chusma que quiere romper nuestro país se les denomina, al fin, independentista. Hasta no hace tanto eran “soberanistas” o, cuando les interesaban al PP o al PSOE para gobernar, “nacionalistas moderados” o “nuestros socios”.

Todos ellos, tienen a España cogida por el cuello. Gracias a Pedro Sánchez, que nos empujó al precipicio, y a Mariano Rajoy, el hombre que miró hacia otro lado y no hizo nada por evitarlo.

Francisco Alonso

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