Bien está que fenezca un traidor

La reciente sentencia de Gürtel acredita que el PP, desde 1989, año en que se fundó, es un sistema netamente expoliador del erario público con la finalidad de beneficiarse de financiación irregular obtenida a través de un pormenorizado sistema de adjudicaciones públicas a empresarios amigos. La resolución judicial es el mazazo mortal definitivo a un PP ya descuajado de todo su poder territorial, y desahuciado en todas las encuestas y sondeos. La condena al PP por ser beneficiario neto de una compleja trama empresarial y política criminal viene en un momento actual en que Rajoy, con su vesanía más vil, perpetra, a través de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, un inaudito ataque a la igualdad y solidaridad de los españoles entregando al separatismo vasco los mayores privilegios fiscales y financiadores de los últimos 40 años de partidocracia.

Levantar el “155” catalán (que jamás ha existido), acercar a los presos etarras (decenas ya pernoctan en cárceles vascas desde febrero, y más de cien han sido excarcelados desde 2013), así como permitir el desafuero de un nuevo Estatuto autonómico vasco reconocedor de la “nacionalidad vasca” acrecentada con la incorporación de Navarra, son los pactos sucios acordados por Rajoy con el PNV, que ya se están haciendo notar en la tierra navarra, hervidero de las peores penumbras que atenazan a España. Éste es el siniestro peaje pagado por Rajoy al PNV para mantenerse dos añitos más y salvar las poltronas coyunturalmente. El partido Ciudadanos, cóctel tóxico de oportunismo engañabobos y patrioterismo constitucionaloide, ha secundado esos mismos presupuestos, que son los más proetarras, proseparatistas y antinacionales de toda la historia de España. La última abyección de Mariano Rajoy no puede ser más dantesca para el futuro de los españoles.

El PP ha sido el partido que más ha contribuido al entreguismo y la claudicación respecto a los enemigos separatistas de España, además de hinchar burbujas inmobiliarias y especuladoras, abrir las puertas a la inmigración masiva desde la época Aznar, y privatizar –para parasitar- los pocos restos de economía pública que dejó indemnes la voracidad del felipismo. Los peperos han presumido de patriotismo mientras ejecutaban la canallada politica constante perpetrada, además, mientras la cloaca del partido detraía de autonomías, ayuntamientos y ministerios millones de pesetas y luego de euros, que engrosarían sobresueldos, prebendas y adjudicaciones irregulares a una morralla criminal de empresarios amigos. El PP merece la muerte política y el ocaso definitivo que hoy se le anuncia. Aunque una alternativa igualmente crápula como es Ciudadanos tome su relevo y se mantenga la podredumbre del régimen constitucional sin alteraciones, bien merece la pena deleitarnos con el espectáculo fúnebre de este océano de farsantes.

J.M. Pérez

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